viernes, 9 de noviembre de 2018

Las Firmas de la Ignominia



En una acción inmoral, carente de toda probidad y honradez, los Consejeros Técnicos de la Facultad de Música-UNAM, aprobaron la modificación de mi relación laboral con la UNAM violentando los más elementales preceptos constitucionales, legales y administrativos. Esto sucedió en la reunión del H. Consejo Técnico del 8 de diciembre de 2017. Sin empacho alguno, los Consejeros cuyas firmas aparecen al margen, ignoraron los más básicos principios morales y académicos, amén de despreciar la legislación universitaria. Con esa innombrable acción, los susodichos fincaron las bases para que, el 6 de marzo, 2018, en otro alarde de impunidad e inmoralidad, la Directora en funciones de la Facultad de Música-UNAM decidiera (sí, ella sola acusó, juzgó y rescindió) rescindir tajantemente mi relación laboral con la UNAM, donde ingresé en febrero de 2005.

Desde enero, 2018, se solicitó al INAI (Instituto Nacional de Acceso a la Información), copia del acta de la reunión del H. Consejo Técnico de la FaM-UNAM, del 8 de diciembre, 2017, pues es de suma importancia conocer, a detalle, qué fue lo que los H. Consejeros aprobaron. Hasta el día de hoy, la Dirección de la FaM-UNAM ha incurrido en el delito de ocultamiento de información pública pues, como se puede ver en la copia mostrada, la Dirección de la FaM-UNAM entregó al INAI una copia incompleta del acta solicitada ya que deliberadamente borró de la copia todo lo concerniente a la asignatura Conjuntos Orquestales, asignatura que arbitrariamente me fue arrebatada en la mencionada reunión.
A continuación muestro las firmas de los H. Consejeros con su respectiva identificación:












Son las firmas de la ignominia, para vergüenza de la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México.

                                       


domingo, 23 de septiembre de 2018

CONSORTIUM SONORUS en el otoño de 2018








¡¡¡ENTRADA  LIBRE!!!

Agradecemos la hospitalidad de la Biblioteca de México (Plaza de la Ciudadela).
Asimismo, la generosidad hospitalaria del templo metodista EL BUEN PASTOR, de la Iglesia Metodista de México, A. R.

sábado, 22 de septiembre de 2018

La experiencia musical de Pommersfelden




En el verano del presente año (2018), la Academia Internacional de Verano del Castillo Weissenstein, de Pommersfelden, Alemania, celebró el 60º aniversario de haber iniciado actividades. Como en las seis décadas anteriores, esta Academia Internacional congregó a más de 60 jóvenes talentos musicales del orbe (más de 21 naciones representadas), jóvenes que pudieron beneficiarse de las magníficas experiencias musicales que se pueden vivir ahí, en un lugar cuya belleza incrementa la hermosa oportunidad de crecimiento musical y humano que provee esa Academia.
Desde el verano del año 2005, gracias a la confianza que me ha depositado el Mtro. Jenö Nyari, director artístico de la Academia, más de 40 jóvenes talentos musicales de México se han beneficiado de las muchas bondades que se ofrecen en Pommesfelden.


En el verano del año 2018 se pudo refrendar esa magnífica experiencia: cinco brillantes jóvenes músicos de México estuvieron participando; lograron destacar por sus habilidades técnicas, pero más aún por su innata musicalidad y calidez humana. Alejandro COLÍN (violín), Luis Miguel FLORES (clarinete), Elihú Ricardo ORTIZ (fagot), Assaet MÉNDEZ (trompeta) y Rodrigo CHICO (contrabajo), descollaron en el transcurso de las cuatro semanas de duración que tiene ese Academia, destacando sus participaciones en distintos ensambles de música de cámara que ahí se constituyeron y en la agrupación orquestal COLLEGIUM MUSICUM, conformada por todos los participantes en la Academia.
Comparto aquí algunos de los comentarios que generó en ellos la participación en Pommersfelden:

Del fagotista Elihú Ricardo ORTIZ:

 Quizás debo empezar por aceptar que antes de viajar a Alemania no tenía del todo claro los objetivos del curso, sabía que habría cuatro programas distintos de repertorio orquestal y varios programas de música de cámara, como premisa ya es emocionante y todo un reto, pero una vez iniciado el curso uno se da cuenta de las implicaciones que conlleva ser parte de la academia de verano, esto incluye entrar en un ritmo de trabajo sumamente intenso y agotador en todos los aspectos, sin embargo todo ese cansancio es proporcional al aprendizaje y experiencia que adquieres al ser parte de cada ensayo, clase o concierto.
 
Desde el primer día para mí fue muy claro que todos los que asisten al curso están ahí para ganar experiencia en el campo orquestal y de música de cámara, para mejorar los diversos aspectos que implican ser parte de un conjunto orquestal. Es altamente gratificante encontrarte con tantos jóvenes de los más diversos países que tienen el mismo entusiasmo y ganas de hacer las cosas al más alto nivel posible, darse cuenta el gran talento y naturalidad con el que la gran mayoría se desenvuelve a la hora del ejercicio musical y empezar a empaparse de las sutilezas que ya se por práctica o naturalidad propia de cada músico, van surgiendo. Una vez superados los nervios de la audición pública del primer día (ante todos los maestros y todos los compañeros) se generó rápidamente un ambiente de concordia, si bien algo de lo que más me sorprendió es que todos son sumamente competitivos y a la vez respetuosos de las distribuciones de lugares, obras o ensambles, cada quien intenta aportar su experiencia pero siempre abiertos a escuchar las sugerencias o críticas de los demás.

 El ambiente, el lugar y las condiciones mismas del curso son las propicias para no pensar nada más que en la música, en las necesidades musicales de cada obra, en cómo abordarlas y resolverlas, en el castillo de Pommersfelden uno puede imaginarse con mayor facilidad la acústica, el ambiente y las sutilezas de épocas pasadas, tomar ensayos con diversos músicos de tan vasta experiencia ayuda a pulir el estilo y carácter de cada obra y la velocidad con que sucede cada día hace que experiencias sean enriquecedoras, tanto para el conocimiento como para el espíritu.

 Cada semana es un reto distinto, un programa distinto, un director nuevo, que requiere adaptarse lo más pronto posible, resolver de la manera más rápida posible las cuestiones técnicas individuales, para que cada uno este a la altura de aportar al conjunto, al ensamble, los ensayos por sección que de manera concisa aportan a la maduración de cada programa semanal fueron para mí una de las actividades más reveladoras, una idea que me viene ahora a la cabeza, es casi la premisa que existe en todos, para no repetir en vano , si es una idea musical general que se deba aplicar a toda la obra es tu responsabilidad entender y aplicar esa misma idea, si algo en el ensayo no funciona, afinación o lo que sea, no es necesario repetirlo hasta el cansancio, parar, resolver y revisar, si alguna cuestión técnica individual no funciona, es responsabilidad del músico resolverla y no ocupar el tiempo de un ensayo en resolver cuestiones individuales, parecieran ser ideas simples, pero llevadas como regla, ayudan una enormidad, no solo a agilizar los ensayos, si no a tomar consciencia del papel que cada uno como músico tiene y de las responsabilidades mínimas.

 Además de toda la actividad programada, siempre hay tiempo para la convivencia, que por cierto no escapa a lo musical, siempre surgen las pláticas de las escuelas, orquestas, grabaciones, conciertos o música por compartir, de verdad que ha sido uno de los veranos más bonitos de mi vida, asistir a conciertos de los compañeros y poder disfrutar de su música, ha sido todo una delicia. Creo no equivocarme si al hacer cuentas digo que participe en al menos diecinueve conciertos en este verano y aún guardo varias de las sensaciones tan maravillosas que fue hacer música ahí.

No tengo más que agradecer la oportunidad que tuve de ser parte de esta 60° academia de verano del castillo Pommersfelden. Al maestro Sergio Cárdenas, por la confianza y todos los que hacen el festival posible, desde el director, Jeno Nyari, hasta los grandes patrocinadores de este evento, los condes von Schönborn.


Del clarinetista Luis Miguel FLORES:

Uno como artista necesita además de aprender el arte como tal, tener experiencias como en "la vida real". Esa es precisamente la ideología de la Academia Collegium Musicum.

Durante 4 semanas, nos introducimos a una preparación a la vida de un músico profesional, sin dejar a un lado la permanente formación académica. 
Desde mi primer año de asistir a este festival, he apreciado la evolución de los asistentes a lo largo de las 4 semanas que dura el festival. He conocido también a artistas excelentes y a jóvenes talentosos.
Del mismo modo, existe una diversidad cultural, pues el festival Collegium Musicum reúne a jóvenes de todo el mundo. Es grato trabajar y hacer equipo con "completos desconocidos" (en un principio), pero con quienes se entabla una amistad que perdurará.
Por otro lado, es verdad también que estamos sometidos bajo cierto grado de estrés, al tener que preparar conciertos orquestales en poco tiempo, además de la programación conjunta de presentaciones de música de cámara.

Considero al festival como una oportunidad de desenvolverme. Poner en práctica lo aprendido, y sobre todo, verlo como complemento a mis estudios.

23 de agosto de 2018.

Del trompetista ASSAET MÉNDEZ MÉNDEZ:

Regresar a Pommersfelden por tercera ocasión iba mucho  mas allá de participar un año mas, al recibir la cordial invitación del maestro Sergio Cárdenas y del Señor  Jeno Nyary Director del Collegium musicum supe  que era una oportunidad mas de poner a prueba los conocimientos y habilidades adquiridas a lo largo de estos años como músico y llevarlos a un alto nivel como se requiere hacerlo en Europa.

En su  edición numero 61 una vez mas formo parte de la convivencia artística de jóvenes estudiantes y profesionales que se reúnen para realizar una serie de conciertos durante cuatro semanas en donde se abarcan recitales de música de cámara hasta repertorio orquestal, y en mi experiencia por primera vez pude tocar “Don Juan” una obra que siempre había querido interpretar y nada mejor en Alemania, al lado de jóvenes que en tan poco tiempo ya llevábamos muy buena amistad y mejor aun bajo la batuta de Sergio Cárdenas, durante esa semana todos sabíamos de compromiso que requería tocar ese repertorio, además del publico exigente que se da cita en los conciertos del festival, así que comenzamos una serie de preparación de manera individual y colectiva para llegar a obtener un resultado bastante aceptable durante los tres conciertos.

Posterior a esa semana hubo muy buenos comentarios de los músicos participantes destacando  mis compañeros de la sección de metales como: Klaus Weber (Alemania) Spencer Champan (USA) Erick Gomez (USA) Eden Garza (USA) y Aoyama Keita (JAPON) quienes coincidimos en que trabajar con el maestro Cárdenas había sido de lo mas placentero y agradable ya que nos exigió sonar como verdaderos metales, que no es muy común con otros directores, sus ideas y su exigencia fueron siempre claras lo cual llevo al resultado obtenido.

Con el paso de los días fuimos explorando mas repertorio y también manteniendo el formato existente de los años  anteriores, pero es importante mencionar la gran ayuda del Maestro Dankwart Schmidt, trombón principal retirado de la Filarmónica de Munich y ex miembro del German Brass, a lo largo de los ensayos seccionales con la sección de alientos en general se mostro muy claro en sus ideas y en el resultado que quería obtener, reforzado con anécdotas ocurridas durante su carrera como instrumentista , con lo cual uno complementa mucha información que no nos enseñan en el conservatorio. Además del trabajo de cada semana con el ensamble de Metales para la fanfarria que anunciaba el concierto de la orquesta sinfónica y el quinteto de metales, con quien tuvimos dos presentaciones exclusivas en Pommersfelden y Nuremberg.

Durante el festival como cada año uno llega a conocer a músicos de todo tipo, desde jóvenes de 17 años que ya vienen tocando a un muy buen nivel, estudiantes que vienen de ganar algún concurso nacional e internacional, hasta jóvenes que ya son principales en sus orquestas donde laboran y que también han pasado por muchas experiencias, todo esto reunido durante un mes siempre tiene un muy buen resultado, en mi caso personal, me siento mas comprometido con el mundo de la música, que va mas allá de lo que uno puede ver y escuchar, y con todos estos casos viéndolos y teniéndolos al lado son un motivo muy grande para seguir adelante día con día, uno no debe conformarse con lo que ya tiene hasta el momento, siempre es posible llegar mas lejos si uno se lo propone.

Y a todo esto quiero agradecer infinitamente al Maestro Sergio Cárdenas por la invitación que me hizo, ya que el resultado obtenido por mi participación durante los conciertos fue mas allá de lo que imaginaba hasta entonces, y al final del Festival recibí la noticia por parte del Señor Nyary para tocar como solista en el verano del 2019, y ser el primer mexicano solista en Pommersfelden  en su edición numero 62, esto sin lugar a duda es un compromiso muy grande en el me corresponde llevar a cabo de la mejor manera posible.


 

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Tres poemas de MASCHA KALÈKO

Comparto tres poemas de la gran poeta MASCHA KALÈKO (https://es.wikipedia.org/wiki/Mascha_Kal%C3%A9ko) ,
traducidos en el aeropuerto de Frankfurt/M (Alemania), 
mientras esperaba el avión de regreso a México el 13 de agosto, de 2018.




viernes, 14 de septiembre de 2018

Cartas Internacionales de Apoyo a Sergio CÁRDENAS

Recibí en días recientes las siguientes carta de apoyo, que por sí mismas se explican y que comparto con no poca emoción. Las cartas, tal y como aquí se comparten, fueron entregadas  en la Rectoría de la UNAM.






                       Las siguientes dos cartas se recibieron el martes 25 de septiembre de 2018:



   

martes, 7 de agosto de 2018

DISIPADOR DE TINIEBLAS. Mi encuentro con Sergiu Celibidache.


Mi encuentro con Sergiu Celibidache
Disipador de Tinieblas
(primera parte)
por Sergio CÁRDENAS*

 Emilio Fernando Ávila Navarro, in Memoriam.


Pocos meses después de haber llegado a Salzburgo para continuar mis estudios en la entonces Hochschule für Musik “Mozarteum”, conocí en Viena a Emilio Fernando Ávila Navarro, quien a la sazón se desempeñaba como Agregado Cultural de México en Austria. Esto debe de haber sucedido hacia finales de 1974 o principios de 1975. Entablamos de inmediato una amistad que, para mi fortuna, siguió vigente toda su vida.

Desde nuestra primera conversación, Fernando, al enterarse de que yo  estaba estudiando la carrera de dirección orquestal en el Mozarteum, me habló de Sergiu Celibidache, un nombre del que yo, hasta ese momento, no había oído jamás. Fernando se explayaba con entusiasmo y lujo de detalles en referencia  a la casi indescriptible bendición para la música que constituía Celibidache: su profunda musicalidad, su conocimiento que bordaba en la dimensión cósmica, su grandiosa capacidad para compartir sus periplos en las entrañas musicales con el vocabulario más sencillo y más elocuente. Y, desde luego, de su profundo sentido de humanidad, siempre empático, sensible, constructivo y coherente en todo lo que emprendía.

Así sucedía cada vez que tenía oportunidad de conversar con Fernando. Me hablaba de los legendarios curso de verano en la Accademia Chigiana, de Siena (Italia), de las veces que Celi (así nos empezamos a referir al Maestro) estuvo en México (adonde llegó por invitación del entonces líder sindical de los músicos de la Ciudad de México, don Juan José Osorio) dirigiendo la entonces Filarmónica de la Ciudad de México (década de los ’60), del paso de Celi ante otros organismos orquestales, etc.

Comprenderá quien esto lee que mi interés por conocer a Celi crecía día tras día. Pero en Salzburgo, donde yo residía, el “amo y señor” del devenir musical era Herbert von Karajan y Celi estaba, de hecho, vetado en esos ámbitos. Todo giraba alrededor del tremendo negocio que Karajan había logrado desarrollar con la participación de compañías disqueras, festivales, etc.  Por lo tanto, pensar en la opción Celibidache era algo así como arriesgarse al ostracismo del mundo musical imperante. Pasaron aún muchos años hasta que, por ejemplo, Harnoncourt fue “aceptado” en Salzburgo, donde “tuvo” que empezar como profesor de asignatura en el Mozarteum, antes de poder presentarse en público con su ya para entonces muy reconocido ensamble “Concentus Musicus Wien”.

A principios del año 1977, el violonchelista norteamericano Michael Flaksman, me comentó que para el siguiente mes de febrero, Celi estaría en Stuttgart como director huésped de la Orquesta de la Radio del Suroeste, una excelente orquesta, por cierto. Flaksman había llegado a Salzburgo un par de años antes como alumno del gran violonchelista italiano Antonio Janigro, de quien al poco tiempo se convirtió en su asistente. Cuando dirigí mi primer concierto como Director de la Sinfónica de la Hochschule Mozarteum, Flaksman fue el solista del Concierto en Re-mayor, de Haydn. Desde entonces entablamos una bonita amistad. Yo ya había compartido con Flaksman mi interés en conocer a Celi y como Flaksman residía en Stuttgart, cuando me comentó que Celi estaría allá, también me ofreció su departamento para toda la semana en la que Celi estaría trabajando con la orquesta: “Yo estaré fuera, de gira concertística”, me dijo.

Para enero del año 1977, ya llevaba yo año y medio como director de la orquesta del Mozarteum.  Por razones que en su momento no alcanzaba a explicarme, pasaba yo por un momento musical bastante crítico: de repente, me había yo vuelto muy inseguro en todo lo que tenía que ver con la dirección, no encontraba el “tempo” de las piezas y, peor aún, se me dificultaba mucho comunicar, dirigiendo, lo que yo pensaba que era el “tempo”. Empecé a titubear mucho sobre las cuestiones del fraseo, de las arcadas,  el misterio de la sonoridad musical se volvió insondable, cuál debe ser el tipo de ataque y cuál la respiración que corresponde, de la concepción musical de figuras rítmicas, etc. Así que cuando Flaksman me habló de la posibilidad de conocer a Celi en Stuttgart y recordando vividamente todas las maravillas que el buen Fernando me había contado, decidí hacer el viaje a Stuttgart. Arreglé en el Mozarteum los pendientes de la semana respectiva y partí hacia la capital del estado de Baden-Würtenberg, a las márgenes del río Néckar.

Bastaron unos cuantos compases de la obertura a “La forza del destino” (Verdi), con la que Celi empezó el ensayo, para darme cuenta de lo mucho que me había perdido hasta ese momento. En Salzburgo, desde la primavera del año 1974, nunca me perdí de  ensayo alguno ni concierto u ópera con Karajan y su Filarmónica de Berlín. A Salzburgo llegaban todas las orquestas y solistas famosos: asistí (claro, clandestinamente) a todos esos conciertos. Se trataba de orquestas europeas de gran calibre. Una vez logré colarme al concierto de la Filarmónica de New York, dirigida por Bernstein, en la Sala Bruckner, de Linz, en la Alta Austria. Pues aún con todo ese bagaje en mi memoria musical, lo que estaba yo descubriendo en Stuttgart gracias a la magia de Celibidache, no tenía punto alguno de comparación: expresividad orgánica, balance perfecto, suavidad o arrojo según lo demande la pieza, direccionalidad del devenir musical, cantabilidad italiana (en la obertura) y, con mayor sorpresa aún, una técnica de dirección incomparable, impecable. Tras ensayar Verdi, Celi siguió con la Cuarta Sinfonía de Brahms, que yo pensaba haber ya estudiado a fondo y sobre la que Celi me desveló mundos sonoros y expresivos que yo (¿cómo era eso posible???) desconocía.

Ese ensayo, primera vivencia con Celi, cuestionó de manera absoluta todo mi devenir musical hasta ese momento. La situación “empeoró” cuando, al terminar el ensayo, varios de los jóvenes aspirantes a directores que habían presenciado como yo el ensayo, me invitaron a pasar con ellos al camerino del Maestro: “Después de cada ensayo, él está siempre dispuesto a responder cualquier pregunta relativa al ensayo y, a veces, incluso a dar una pequeña clase de técnica de dirección”, me dijeron.  Fui con ellos con enorme emoción e ilusión, a la vez con temor tras sentirme profundamente cuestionado en el ensayo recién vivido.

En ese momento, en febrero del año 1977, yo contaba con 25 años de edad; había concluido en Princeton, NJ (USA) los estudios de Maestría en Dirección Coral (1973) y había concluido, con mención honorífica, la Carrera de Dirección Orquestal (1975) en el Mozarteum.  Ya en el camerino con Celi, él nos empezó a hacer preguntas sobre el ensayo, algunos hicieron otras preguntas sobre lo mismo, y yo, sentado en un rincón escuchando con devoción y temor, entendía poco de lo que estaban hablando: la direccionalidad del fenómeno musical, su espacialidad, sus tensiones y distensiones, sus articulaciones grandes y las pequeñas, su estructura instrumental, el efecto de la presión vertical sobre la horizontal, etc, etc. Y yo, oyendo todo eso sobre lo que ningún profesor hasta ese momento me había hablado ni tampoco ningún director de orquesta había logrado comunicar (¿lo habrán sabido?), me preguntaba: “¿Qué he hecho en todos estos años? ¿Cómo es que yo, con una Maestría del mejor colegio coral de los USA y un título en dirección orquestal otorgado con mención honorífica por el legendario Mozarteum, cómo es que yo, decía, nunca me había enterado de toda esa riqueza musical y, por lo tanto, humana?”

Y luego, cuando el Maestro anunció que revisaría algunos aspectos de la técnica de dirección orquestal, pues casi fue el acabóse para mí: hasta ese momento, yo era considerado (casi) como una estrella de la dirección musical. Y hete aquí, que al empezar la revisión celibidachiana, yo ni siquiera sabía qué postura debería tener mi cuerpo para poder dirigir, ni cuál era el principio básico del movimiento de los brazos y manos en la dirección (“debes dirigir siempre la arcada”, decía el Maestro) y, por lo tanto, a lo más que llegaba era a más o menos “aletear” pensando que eso era dirigir.  Se habló en esa breve sesión de los puntos de la figuras de la dirección, de la decisiva importancia de la anacrusa, de la correspondiente proporción del movimiento y, a vuelo de pájaro, de cómo aplicar todo eso al ejercicio musical de tal manera que no se volviese un fin en sí mismo. “No has aprendido a manifestar una relación de tus movimientos con el fenómeno sonoro: tus movimientos deben propiciar el fenómeno sonoro que la obra tiene en sí misma, y no sólo fungir como si fueras agente de tránsito”, me dijo el Maestro.

Tras estas tremendas vivencias en tan sólo medio día, me vi enfrentado al dilema de seguir haciendo todo como hasta ese entonces y por lo que ya había recibido muchos elogios, o, una vez descubiertas las entrañas del quehacer musical, una vez que el Maestro había disipado las tinieblas que  impedían que me diera cuenta de todo ello, abandonar o desechar casi todo lo hasta entonces aprendido y, de plano, empezar de nuevo: se trataba de una decisión de vida. Así que cuando el Maestro, al término de ese primer encuentro, anunció que impartiría un curso en la Universidad de Tréveris (Trier, Alemania) en los meses de marzo y abril siguientes, de inmediato decidí asistir a ese curso (duraría 5 semanas!) que, seguro como ya lo estaba, sería de medular significado en mi desarrollo.

Para asistir a ese curso, tenía yo que resolver lo relativo a las actividades que ya tenía programadas con la Orquesta del Mozarteum, entre otras una grabación para la Radio Austriaca del Concierto para piano y orquesta, en Sol-mayor, de Ravel, con una alumna destacada del Mozarteum. Pero para mí la asistencia al curso de Celibidache tenía el primer lugar en la lista de prioridades: si no conseguía permiso del Mozarteum para ausentarme esas 5 semanas, yo estaba dispuesto a renunciar a ese contrato. Hablé entonces con quien había sido en el Mozarteum mi profesor de dirección y de composición, Gerhard Wimberger: le transmití con detalles la vivencia de Stuttgart y mi interés absoluto para estar en el curso de Celi. “No te preocupes”, me dijo, “ese curso es muy importante para ti y no lo debes perder. Yo te voy a suplir en todo lo que tengas programado y hablaré con el Rector del Mozarteum para que autorice tu permiso”. Así sucedió, para mi enorme fortuna.

En otro escrito abordaré las vivencias del curso de Celi en Tréveris, vivencias que llenarían todo un libro, por su cantidad y calidad.  Agradezco a Flaksman la generosidad que me permitió estar en Stuttgart en aquella semana que se convirtió en crucial para mi vida. Y al gran amigo, ahora fallecido, y brillante compositor austriaco Wimberger, por el invaluable apoyo que me permitió asistir al inolvidable y aún asimilable curso de Celibidache en Tréveris en marzo-abril de 1977. Y, desde luego, al amigo Emilio Fernando Ávila Navarro, por la generosidad que permitió que me acercara y conociera la genialidad celibidachiana. +++


·       Compositor musical y director sinfónico; Director Artístico fundador de la orquesta de cámara Consortium Sonorus; Presidente de la promotora Música de Concierto de México, S.C.

©Sergio Ismael Cárdenas Tamez; Ansbach, Alemania, el 5 de agosto de 2018.

                                                               Fernando Ávila Navarro 


martes, 19 de junio de 2018

Pommersfelden 2018


Con particular alegría anunciamos nuestra participación en la 60ª edición de la Academia Internacional de Verano del Castillo Weissenstein, de Pommersfelden, Alemania. Además de nuestra aportación a diversos conciertos de música de cámara, estaremos formando parte de la orquesta COLLEGIUM MUSICUM, que durante las cuatro semanas de duración de la Academia, preparará el mismo número programas orquestales conducidos por otros tantos directores. El concierto inaugural será conducido por Sergio CÁRDENAS. Las localidades para los dos conciertos públicos a su cargo, están agotadas. Ha faltado incluir la foto del clarinetista Luis Miguel FLORES, quien se encuentra concluyendo sus estudios de maestría en Francia. Ya compartiremos las experiencias vividas en esa prestigiada Academia, cuando regresemos a México, a mediados de agosto próximo.

La programación general de esta edición puede ser consultada en el sitio

https://www.collegium-musicum.info/index.php/de/konzertprogramm 


                                                              Assaet MÉNDEZ (trp)

                                                              Alejandro COLÍN (vln)

                                                         Elihú Ricardo ORTIZ (fg)



                                                                  Sergio CÁRDENAS

lunes, 4 de junio de 2018

Sergio CÁRDENAS: Cinco Poemas


SERGIO  CÁRDENAS

Cinco  Poemas


Nuestro Mundo
Entre el deseo y la renuncia
la esperanza del caminante.
Un instante silencioso
transcurre entre aspiración y espiración 

En la profunda quietud
de tu corazón invernal suena con precisión
la palabra verdadera


Tenemos nombre cuando aún no somos 
pero el espíritu continúa cavando
ese cielo que se nos niega:
vanidad de la esperanza

vacuidad de la expectación

Con el tiempo aparecerá el alma 
porque olvida y porque cuenta
los días inolvidables
Celebrará la armonía oculta 

evitando desaparecer en lo insonoro

Lo disperso, casi invisible casi inaudible
te dará el conocimiento 

que te mantendrá a flote 
Saber de uno mismo
es saber qué es la muerte

Tu silencio
me hace escuchar hacia adentro 

donde tu canto
se asienta en mi oído
y convierte su mundo
en nuestro mundo 



La Voz y la Mirada de Otrora

Antes
tus ojos café
eran la entrada a un bosque
en el que los cálidos rayos del sol
y la luz azul de la luna
se colaban por entre árboles frondosos 

y creaban una atmósfera íntima e inmensa 
que sonreía desde adentro transmitiendo calor, 
serenidad, siempre radiante de alegría.

Antes
tu voz
era diáfana y límpida, 

emergía de cuerdas vocales afinadas, 
portaba un aliento de vitalidad, 
contagiaba simpatía, compartía sentimientos puros,
le cantaba a la vida y al amor, 

hablaba de la amistad que perdura, 
era conciliadora y firme, resonaba en todo tu ser.

Hoy
tus hermosos ojos café
han dejado de brillar como otrora
y aquel bosque inmenso e íntimo
ha empezado a desaparecer.
La alegría luminosa y seductora
se aleja cada vez más de tus ojos
que ahora miran como si fueran de otro ser 

hacia un horizonte nebuloso e indefinible, 
acaso vacío, gélido, desprovisto de amor.

Y tu voz
ya no vibra de emoción
ni es resonancia de tu ser;
ya no canta con aliento de vida
ni con melodías de amor.
Cuenta de amistades acabadas
y de frivolidades existenciales,
ha eliminado el sentimiento de su expresión 

y se pierde en el lugar común, insulso y hueco.

Da tristeza ver
cómo al pisotear sentimientos
que todos se te ofrendaron
con la voz y la mirada, 

destruiste tu capital emocional más valioso 
y te volviste otro ser 
colocándote máscaras a las que diste una mirada y una voz 
que no son las tuyas ni las de ellas.

Al abrir los ojos y la boca
no sólo descubrimos un mundo
sino que también un mundo nos descubre. 

¿Dónde dejaste, abandonadas,
tu voz y tu mirada de otrora? 




La Búsqueda Inútil

Las olas de la existencia
me depositaron una vez en tus playas 
nogadas y límpidas,
en la oscuridad de una noche septentrional 
poblada de astros luminosos en las alturas
y de un vacío estremecedor
que ocupaba tus costas y tu tierra de adentro.


Recorrí tus playas en la luz y en las sombras.
Construí sobre ellas castillos que quería habitásemos. 
Sembré en ellas flores y frutas
para que nos dieran una vida exuberante y perfumada. 
Me extendí sobre ellas 
para embriagarme con la energía solar
y para sentir la alternancia de mis latidos,
los latidos del mar y tus latidos.


Deseé que más allá de tus playas
se encontrara la tierra fértil
que hace que se reproduzca y crezca
lo que en ella se siembra con esperanza 
y se cultiva cotidianamente con el amor 
que respeta, admira, proteje y acaricia.

Inútil fue mi búsqueda de esa tierra. 
Las mismas olas que una vez
me depositaron en tus playas,
se llevaron consigo los castillos
y las semillas de flores y frutas
y borraron las huellas
que mi cuerpo había dejado en tus playas 
con la misma indiferencia
con la que me habían depositado en ellas.


Ahora he regresado al mar de la existencia
a buscar otras olas que no me lleven a tus playas,
que no se transformen en corrientes de agua fría 
que congelen mi corazón,
sino que me depositen en otras tierras 
donde pueda sembrar y cultivar, 
donde pueda cuidar y crecer,
donde pueda amar.




El Puente
 Entre tu horizonte y el mío 
hay tantos años 
como caben en una historia.
¿Serán esos años un abismo?


Esas primeras dos orillas
que marcan nuestro deambular aquí, 

sostuvieron una vez un puente
que construimos con sonrisas y viajes, 

que adornamos con camisas y canciones, 
que iluminamos con nuestros ojos
a la luz de la luna y del alba solar.


Los puentes, ¿cuelgan en el aire?, 
¿descansan sobre sus extremos? 
Los puentes, ¿van o vienen?. 
¿Son fronteras o son puertas?

Un puente es una mirada,
                          una palabra de preocupación,

                          una llamada telefónica. 

También es un reclamo y es un desaire.
Es compartir fotografías y libros, 
                          teatro y música,
                          alambres de res y toronjas, 
                          pulseras y corbatas.

De pronto, 
el puente se volvió levadizo
y un día nunca más bajó.

Desaparecieron sus adornos, se apagó su luz.

No volví a ver tus labios de fresa
                            ni tus ojos de nostalgia,

                            ni a oír tus risas contagiantes
                            ni a sentir tu aroma, perfume de mi ser.



Y así, la ausencia de tus rojos,
                                       tus risas y tu aroma,

cavó un abismo en mi corazón,
alargó mi cara y cerró mis ojos.
Sobre el abismo el puente desapareció.


Los que construyen, destruyen.
Poder destruir es poder reconstruir. 

¿Reconstruiremos algún día nuestro puente? 



Ofrenda Plenituadora

Cuando cierras tus ojos
pierdo mi rumbo.

Cuando cierras tu boca
divago en el mundo.

Cuando cierras tus manos
floto en el aire.

Cuando cubres tus oídos
dejo de escucharte.

Cuando tapas tu nariz
se desvanece en el espacio
tu perfume innombrable
que impregnó mi memoria
en noches memorables.

Tus ojos son mi faro,
tu boca es mi discurso,
tus manos son mi guía,
tus oídos recogen mi aliento,
tu nariz registra el aroma
de esta noche vehemente
en que dos cuerpos hirvientes,
el t/ío y el m/uyo,
en la  multiplicación de la sangre
y en la consagración del coito,
se ofrendan,
revientan,
se plenitúan.



©Sergio Ismael Cárdenas Tamez