viernes, 29 de noviembre de 2019

12 años en Música de Concierto de México


En junio de 2007, fui electo por unanimidad, Presidente de la promotora Música de Concierto de México, S.C., fundada por el compositor mexicano Manuel Enríquez y otros colegas que le apostaron a la promoción de nuestra música de concierto.

Entre las actividades más importantes que lleva a cabo esta promotora, está la renta de materiales de ejecución a las orquestas de México y del mundo, de las obras que engalanan nuestro catálogo. Comparto aquí información estadística que da cuenta de las obras de nuestros compositores que se rentaron en el periodo comprendido entre junio de 2007 y diciembre de 2018. Esta valiosa información de la historia de la exposición de música mexicana de concierto, fue recopilada por mis colaboradoras en la promotora, la Sra. Cristina Galván y la Srita. Eunice Rocha. Mi gratitud a ellas por esta significativa aportación a la documentación sobre la presencia de la obra de nuestros socios compositores en las salas de concierto de México y del mundo.

En septiembre, 2019, fui reelecto (por tercera ocasión consecutiva) en la posición de Presidente de la promotora, como lo informé en  http://onomatopeyadeloindecible.blogspot.com/2019/08/musica-de-concierto-de-mexico-s-c-nueva.html

Agradezco a los compositores socios de Música de Concierto de México, S.C., la confianza que me han dispensado a lo largo de estos años. De similar manera, agradezco a la Sociedad de Autores y Compositores de México, S de GC de IP, el apoyo que ha hecho posible que la sede de nuestra Sociedad Civil, esté en sus instalaciones de la Ciudad de México. Hago votos porque la música mexicana de concierto tenga una mayor presencia en las salas de concierto de nuestro país y allende las fronteras.















miércoles, 27 de noviembre de 2019

50 años como compositor


La Sociedad de Autores y Compositores de México, S de GC de IP, tuvo a bien incluirme entre los festejados en su ya tradicional ceremonia que reconoce la trayectoria de los compositores musicales de México. En mi caso, lo hizo con motivo del cincuentenario de la primera exposición pública de una obra musical de mi autoría, que tuvo lugar el 28 de junio de 1969.

Hoy, 27 de noviembre de 2019, recibí un ejemplar del Libro-Memoria de esa celebración, así como un DVD que recoge mi participación en la referida ceremonia. El enlace al video es

https://youtu.be/dzN8K_uIKhA 

Mi agradecimiento y felicitación al Ing. Gonzalo Curiel, así como a su equipo de colaboradores, que con esmero y cariño prepararon el festejo y la edición de esta memoria. La fotografía fue tomada por Jesús Morales.










martes, 26 de noviembre de 2019

¿Qué es CONSORTIUM SONORUS?




                           CURRICULUM VITAE 
                                               de 
                        CONSORTIUM SONORUS


   Consortium Sonorus (CS) es una orquesta de cámara de ímpetu y configuración juvenil que inició actividades en los albores del año 2016, gracias a una iniciativa del compositor musical y director sinfónico mexicano, Sergio Cárdenas. Lo hizo en el seno de la Facultad de Música-UNAM, pues la mayoría de sus integrantes eran, en ese momento, estudiantes avanzados de esa institución.

   Desde el inicio de sus actividades, la organización del ensamble se planteó como un organismo de autogestión, con vocación democrática. En su aún corta historia, Consortium Sonorus no ha recibido ningún tipo de subsidio (federal, estatal o municipal) que coadyuve a la realización de sus actividades. Además, todos los integrantes, incluido su Fundador y Director Artístico, han venido llevando a cabo sus acciones en CS, ad honorem.

   Este espléndido y energético ensamble, ha desplegado sus hermosas sonoridades en más de 20 distintos recintos de la capital mexicana, algunos de ellos con emblemática tradición concertística, como lo son la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes, la Sala Nezahualcóyotl, del CCU, y el Auditorio Divino Narciso, de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Asimismo, ha tenido exitosas presentaciones ante públicos de los estados de Querétaro, Morelos, Tlaxcala y Estado de México.

   En los más de 45 conciertos brindados al día de hoy, CS ha promovido a más de 40 jóvenes músicos mexicanos como solistas de sus conciertos, así como incluido más de 15 obras de la autoría de compositores mexicanos, tres de ellas en estreno mundial al resultar triunfadoras del Concurso Joaquín Gutiérrez Heras de Composición Musical, patrocinado por herederos del compositor. Del repertorio internacional, Consortium Sonorus ha abordado más de 45 obras diversas de los siglos  XVIII al XXI. Fiel a su compromiso con el desarrollo de jóvenes talentos mexicanos, Consortium Sonorus ha impulsado a jóvenes directores de orquesta: cinco (5) jóvenes han empuñado la batuta ante el ensamble conduciendo demandantes obras.
  
   En un tenor similar, Consortium Sonorus ha ampliado su cambio de acción al integrar a un joven ensamble coral, como es el coro Cánticum Novum, a sus actividades concertísticas. Merece especial mención la generosa acción emprendida por Consortium Sonorus en beneficio de la damnificados del temblor del 19 de septiembre de 2017.

   Consortium Sonorus ha desempeñado una papel exitoso en la formación de públicos, lo cual ha quedado manifestado a través de la versatilidad demostrada en sus ambiciosas programaciones y a través del carácter pedagógico que manifiesta con frecuencia en sus presentaciones públicas. Notorias han sido sus presentaciones ante públicos universitarios y ante públicos asistentes a diferentes congresos de índole científica.

   Consortium Sonorus subraya entre sus actividades, la aportación profesionalizante que hace a cada uno de sus integrantes. Por ello se apreció mucho la impartición de un Curso Magistral a cargo del gran violinista mexicano Adrián Justus. En este mismo marco de acción, para CS constituyó un enorme honor la participación de la insigne pianista mexicana GUADALUPE PARRONDO, como solista del ensamble. Cada integrante de CS   asume responsabilidades específicas en el ensamble.

A punto de concluir el cuarto año de exitosas actividades musicales ininterrumpidas, CONSORTIUM SONORUS se yergue como un enjundioso ensamble juvenil mexicano de ejemplar trayectoria, de cautivadora manera de compartir su vocación musical y de un entusiasmo que le apuesta a un futuro luminoso de brillantes sonoridades en el horizonte nacional. Su misión bien podría ser como una entidad que siembra futuro musical cualitativo en la juventud mexicana con su consecuente repercusión en el público de todas las edades y estratos sociales.

                                                                                                          Ciudad de México; noviembre de 2019.



sábado, 23 de noviembre de 2019

Mi rap para Mozart en la Sala Hermilo Novelo



El jueves 21 de noviembre, 2019, por la noche, en la Sala Hermilo Novelo, del CCOY: ¡qué manera tan magnífica de celebrar el día del músico con los muy talentosos alumnos de la insigne pianista mexicana GUADALUPE PARRONDO! La verdad, brillaron en sus distintas participaciones exponiendo obras de Shostakovich, J. Rosas, Saint-Saëns y, con enorme deferencia para conmigo, mi rap para Mozart, “The flower is a key”, sobre un poema del guanajuatense Dyma Ezban, en la versión para dos pianos y rapero realizada por Christoph Splittstoesser.
Agradezco de corazón a Álembert Vázquez y Edmundo Salazar su lograda participación pianística en esta obra de mi autoría original; asimismo, agradezco a Ángel Hernández su lograda participación como rapero: a ellos ¡mi entusiasta felicitación!
En el intermedio de la velada, se me entregó en Reconocimiento que anexo, mismo que no especifica que lo ahí manifestado tuvo lugar en el Centro Cultural Ollin Yoliztli, que por estos días festeja cuatro décadas de ininterrumpida actividad, gracias a la visionaria labor de Doña Carmen Romano Nolk, fundadora de la institución.


La velada, que llevó por título “Rapeando with Cecilia”, coincidió con la celebración de las cuatro décadas que Guadalupe Parrondo ha compartido, de manera más que generosa y, a la vez, con plena responsabilidad artística, su experiencia y conocimientos pianísticos, forjando así varias generaciones de magníficos pianistas mexicanos que enaltecen la música de México.
Así, pues, felicitaciones múltiples: por el Día del Músico; por los 40 años del CCOY; por las cuatro décadas de apasionada labor pedagógica de Guadalupe Parrondo; y por el brillante examen de música de cámara brindado en la referida velada: ¡Enhorabuena!

sábado, 16 de noviembre de 2019

"Marchita el alma", en TAIWÁN




“MARCHITA EL ALMA”, EN TAIWÁN

El pasado mes de octubre, 2019, el joven pianista guanajuatense (*Salvatierra), Hernán Martínez Mercado, se presentó con éxito ante públicos de la República China de Taiwán, exponiendo un programa configurado de manera íntegra con obras de autoría mexicana, como se puede apreciar en la foto del programa de mano que se anexa . Martínez Mercado tuvo a bien incluir mi fantasía para piano solo sobre la melodía “Marchita el alma”, de la autoría del también guanajuatense  (*Silao) Antonio Zúñiga (melodía que ha sido atribuida a Manuel M. Ponce). De fuerte carga expresionista, mi fantasía sobre “Marchita el alma” teje sonoridades de tremenda complejidad cromática, demandando del pianista el hacer suyo ese dramático marchitar del alma abatida que se desgrana errando, sin esperanza de alcanzar al ser amado.

Martínez Mercado me ha comentado que la pieza fue muy bien recibida por los públicos taiwaneses que la escucharon en las ciudades de Taipei (23 de octubre), Kaohsiung (27 de octubre), Hsinchu (29 de octubre) e Yilan (30 de octubre); algunos oyentes solicitaron copia de la partitura de la pieza.

Mi agradecimiento a Martínez Mercado por la deferencia de incluir esta obra de mi autoría en esos conciertos dedicados al repertorio pianístico mexicano de concierto, así como mi felicitación por salir airoso de esa loable encomienda. ¡Enhorabuena!



Comparto aquí la partitura de esta fantasía. Quien se interese en exponerla en público, la puede descargar de aquí mismo. Agradecería que se me informara sobre la(s) exposición(es) pública(s) que se logre(n).




La pianista mexicana GUADALUPE PARRONDO, a quien está dedicada la pieza, hizo una grabación que se puede escuchar en

                       https://www.youtube.com/watch?v=FI60XYqtY4U&t=78s

martes, 12 de noviembre de 2019

Con Boulez en Princeton (USA)


En 1972, cuando estudiaba en Princeton, NJ (USA) en el magnífico WESTMINSTER CHOIR COLLEGE, tuve la oportunidad de conversar brevemente con PIERRE BOULEZ, a la sazón Director Musical y Principal de la Filarmónica de New York, en el intermedio del ensayo que tuvimos en la Bristol Chapel, de nuestro College, en preparación para los conciertos en New York con su orquesta. BOULEZ había venido a nuestro Campus en Princeton para ensayar el programa que cantaríamos quienes integrábamos el Westminster Symphonic Choir, programa que incluyó la "Cantata Profana", de BÉLA BARTOK, y el "Te Deum", de HÉCTOR BERLIOZ. Le pregunté si conocía la música de México, a lo que contestó que sólo sabía de Carlos Chávez.

Comparto aquí unas fotos de esa ocasión, que fueron tomadas por el colega Edwin R. Taylor, a quien agradezco el haberlas proporcionado.




domingo, 10 de noviembre de 2019

"¡Compón bonito!"




¿Qué es eso de “¡Compón bonito!” ?
por Sergio Cárdenas*

   Debe de haber sido hacia 1976 o quizá 1977, cuando tuve la oportunidad de estrenar una obra musical de mi autoría en Salzburgo. Ha sido la única que se ha expuesto ahí.  La sede de Salzburgo de la Radio Austriaca, organizó en su Estudio un concierto con estudiantes de composición de la entonces Escuela Superior de Música “Mozarteum”. Mi maestro, Gerhard Wimberger, me recomendó y autorizó a que participara con mi “Salmo 23”, ciclo de cuatro canciones religiosas sobre el conocido texto bíblico, que yo había compuesto en 1975 para soprano y piano durante mis estudios con él.

   El ciclo constituyó casi la única vez que recurrí a la técnica dodecafónica de composición, no en el sentido estricto o expresionista de Schönberg, sino un poco más lírico o libre como en Alban Berg. El ciclo, en su dodecafonismo, incluye secciones aleatorias y semialeatorias, así como algunos guiños al recitativo y al dramatismo vocal.

   No me preocupé, entonces, de conservar un registro fonomecánico del ciclo, pero recuerdo que fue bien recibido, aunque hoy confieso que ya olvidé los nombres de quienes lo expusieron y ni siquiera conservo un ejemplar del programa de mano.

   Pero de manera especial recuerdo vividamente que al término del concierto, mi maestro Wimberger, tras felicitarme, me comentó: “ Siga usted por ese camino: sólo componer bonito.” Vaya que si bien me halagó el comentario, también me sorprendió y me llevó a reflexionar sobre el concepto de lo "bonito” en música. El ciclo, por fuerza de esa autoimposición del dodecafonismo, está lleno de disonancias, incluso en algunos pasajes de “clusters”, que son esas sonoridades abigarradas que resultan de prácticamente “empalmar” sonidos que entre ellos están muy cercanos uno del otro en el sistema temperado, como por ejemplo, hacer sonar de manera simultánea los sonidos do-natural, do-sostenido, re-natural, re-sostenido, mi-natural y fa-natural, como si fuera un racimo de uvas, todas pegaditas unas a otras.

   Para muchos oídos, todos esos “efectos sonoros”, asustan, pues no sólo profundizan en el cuestionamiento sonoro-sensorial, sino que también requieren un mayor entrenamiento auditivo o confrontación más frecuente con músicas de esta naturaleza.

   Años después (1982), durante una gira concertística como director por la entonces URSS, realicé una orquestación de ese mismo ciclo, versión que fue estrenada por la excelente soprano Margarita Pruneda y la Orquesta Sinfónica Nacional de México, en el Palacio de Bellas Artes en el otoño de ese mismo año.  Esta es la versión que grabé con la maravillosa soprano mexicana Rosario Andrade y la Filarmónica de Querétaro, a principios de 1993. Cuando el CD se publicó, llevé varios ejemplares a Alemania, con fines promocionales.

   Un gran amigo mío, que con cierta frecuencia me promocionaba en Alemania, me pidió que le dejara varios ejemplares de mi curriculum vitae  (CV) y alguna grabación que yo dirigiera para anexarla al CV cuando él me promoviera con alguien. Procedí a dejarle varios ejemplares del CD en el que se incluía mi SALMO 23. Una vez que lo oyó, me preguntó: “¿no tienes alguna grabación de otra obra?”. Con cierta extrañeza le respondí: “¿Porqué?”  Entonces me dijo: “¡Los vas a asustar con esa obra tuya!”  Me quedé perplejo y no dije nada más: comprendí que para mi amigo, el SALMO 23 no era una obra "bonita”.

   En su pubertad tardía y en su temprana adolescencia, Mozart recibía “regaños” de su papá porque componía de manera demasiado audaz: la gente se quejaba de sus “atrevimientos” musicales, que no percibía agradables, es decir, “bonitos”, a sus oídos.

   En 2003, invitado por el entonces Festival Internacional Tamaulipas, dirigí una gira de la magnífica Filarmónica de Cámara de Polonia por ese Estado. El programa incluyó el estreno mundial de mi pieza COLUMPIOS, música para clarinete en Sibemol y orquesta de cuerdas, dedicada a Jörg Baumann, basada sobre un hermoso poema de Rilke. En el concierto que ofrecimos en Reynosa, sucedió lo siguiente:

   Al término del concierto, pasó a saludarme un matrimonio con su hijo. Yo no los conocía. Me hicieron comentarios generales elogiosos sobre el concierto, pero sobre COLUMPIOS, el señor me comentó: “en la primera parte de la pieza, conforme fue desarrollándose, le comenté a mi esposa: “Van ganando los malos”. Poco después de la mitad,  la pieza desemboca en una cadencia del clarinete que, a su vez, culmina en una cita de unos cuantos compases, que siempre me han cautivado, del sublime Concierto para Clarinete y Orquesta, de Mozart. “Cuando eso sucedió”, me dijo el señor, “le dije a mi esposa: “Noooo, ¡¡¡ganaron los buenos!!! Pero luego regresó usted a pasajes como los del inicio y, resignado, le comenté a mi esposa: “pues nada, ganaron los malos”.

   Sobre esta pieza, el Mtro. Armando Plancarte escribió: “Como sucede con todo arte moderno, la obra de Cárdenas retoma elementos clásicos pero a la vez los renueva, los increpa, los transforma, los revalora, los reconduce, los reforma. El compositor conoce muy bien su oficio. Sus años de experiencia al frente de orquestas de primer nivel, en diferentes latitudes, y longitudes, así como su probada sensibilidad e inteligencia auguran buenos resultados. Su música es natural, fluye por si sola, provista de su propio motor interior. “

   Cuando en el año 2003 los excelentes 12 VIOLONCHELISTAS DE LA FILARMÓNICA DE BERLÍN celebraron su 30º Aniversario, Shirley Apthorp escribió en la edición correspondiente al mes de marzo de ese año de la prestigiada revista británica THE STRAD, “que si los violonchelistas berlineses habían incluido en su (entonces) más reciente CD, ‘ROUND MIDNIGHT (publicado por EMIClassics) una obra tan subversiva como el rap para Mozart (The flower is a key), entonces se podría esperar aún mucho de esos violonchelistas.”  Celebraba la señorita Apthorp no que mi pieza fuera "bonita", sino que fuera “subversiva”.

   En fechas recientes, muchos mexicanos y, de seguro, gentes de otros países, lamentaron la muerte de su ídolo José José. Conversando al respecto con un ser muy querido,  admirador profundo de José José, me contó la siguiente historia:

   “En 1977, el nicaragüense Adán Torres mostró al cantante José José  su canción “Almohada”. El cantante le prometió registrarla en México a nombre de Torres; la presentó en el Festival OTTI de 1978, donde quedó en cuarto lugar. Más tarde, la canción fue grabada en Londres y la disquera, seguro que por instrucciones del cantante, dio el crédito correspondiente al autor de la canción en la contraportada del LP.  Ante los embates de la guerra en Nicaragua, Torres emigró a los USA, donde radicaba su hermano. Consiguió trabajo en una lechera de California; ahí se encargaba de limpiar los tanques de 50,000 litros. Para entonces, la disquera asumía que Torres había fallecido. Sin embargo, Torres llamó a la disquera y esta envió a un propio a que le entregara el primer cheque de sus regalías: US$10,000.- Y así siguieron después otros pagos de regalías.”

   Luego, mi amigo querido remató diciendo: “¿porqué no compones algo bonito,  ¡te podrías volver millonario, como Adán Torres!”

   “¡’chale!”, me dije; “entonces ¿qué he estado haciendo en todos estos 50 años como compositor musical?” Debo decir que esta persona conoce casi todas mis composiciones musicales…¡quizá por ello me dijo eso!!!!

   Entonces ¿cómo debe ser la música: siempre “bonita”? Y eso, ¿de acuerdo con cuáles marcos de referencia? Y, en efecto, ¿ debe ser así  la música: “siempre bonita”?  Bruckner comentó que si la gente sólo buscaba que le acariciaran el oído, recomendaba escuchar la música de Brahms. Pero si la gente buscaba ser cautivada, atrapada, arrobada por la música, entonces deberían escuchar su música.

   La “Gran Fuga” (op. 133), que es un movimiento para cuarteto de cuerdas que Beethoven  compuso entre 1825 y 1826, ha sido una de las obras más polémicas del genio de Bonn, por su “violencia y sus muchas disonancias, por su estruendo”. La intención original era que fuese el último movimiento del Cuarteto op. 130, pero el editor se opuso a ello por su tremenda complejidad y dificultad técnica. Se le considera, aún hoy, como una de las obras más “inaccesibles” de Beethoven. Se dice que cuando se estrenó, el público abandonó la sala, dejando solos a Beethoven y al cuarteto de ejecutantes. Un crítico de entonces se refirió a esta monumental obra así: “Es incomprensible como el chino”. 

¿Qué espera uno, pues, de la música?

©SergioIsmmaelCárdenasTamez, Ciudad de México, 30 de octubre de 2019.

*compositor musical, director sinfónico, Director Artístico de Consortium Sonorus,
  orquesta de cámara.

  Presidente de Música de Concierto de México, S. C.




martes, 1 de octubre de 2019

Resonancia armoniosa en el hálito infinito



Resonancia armoniosa en el hálito infinito
por Sergio CÁRDENAS*

Para Elisabeth Kittel, con sentido agradecimiento.

   Radiqué en la ciudad de Salzburgo de septiembre de 1973 a junio de 1979.  Ese ha sido uno de los periodos más afortunados de mi vida. Lo ha sido porque tuve la grandiosa oportunidad de escuchar la gran mayoría de los ensayos de la inagotable lista de maravillosas orquestas que llegaban ahí para reafirmar su musicalidad y profesionalismo en una de las cunas mismas de la música occidental: ahí nació Mozart en 1756…y muchos años después, también von Karajan (1908).

   Entre las vivencias más afortunas cuento todas aquellas en las que disfruté, admiré y fui conmovido por la fantástica Filarmónica de Berlín, que pude oír por primera vez en el Festival de Pascua de 1974, fundado y dirigido por von Karajan y en el que brillaba en todo su esplendor su legendaria Filarmónica.

   Recuerdo aún, como si lo estuviera vivenciando en este mismo momento, ese primer encuentro con von Karajan y sus filarmónicos: fue en el ensayo general de la ópera “Los maestros cantores de Nürnberg” (Wagner). La opulenta escena, que llegó a congregar a varios cientos de cantantes, coristas y comparsas en el amplio foro de la Gran Casa de los Festivales de Salzburgo, fue, para mí, opacada por lo que sucedía en el foso: von Karajan había pedido a sus filarmónicos que no usaran camisa blanca en ese ensayo, que, de preferencia, usaran camisa celeste o azul suave. Nunca en mi vida había yo presenciado una orquesta que involucraba todo su cuerpo al momento de la ejecución musical, lo que proveyó a la ópera wagneriana de un espectáculo inesperado que se desarrollaba en el foso: la fogosidad wagneriana y las emociones altamente contrastantes de su maravillosa ópera, se mostraban de manera intensiva y cautivadora en aquel juego de luces (de los atriles) y sombras que generaban lo que parecía un oleaje ora suave, ora violento,  que me atrapaba y en el que yo, en el mejor de los casos, gustoso me habría sumergido.

   Y vaya que lo que se ofrecía en el foro no dejaba algo qué desear: destacaban las maravillosas voces de Gundula Janowitz, de Peter Schreier y de Karl Ridderbusch. Además, el experimentado Coro de la Ópera de Viena y un vestuario deslumbrante, muy propio de la época.

   Disfruté de seis de los Festivales de Pascua de Salzburgo gracias a la generosidad de la pianista Elisabeth KITTEL, de Ansbach, Alemania, quien año con año me regalaba un abono para asistir al bloque de tres conciertos y una ópera, todo dirigido por von Karajan ante sus filarmónicos.

   En una entrevista que se le hizo en el marco de alguno de esos festivales, se le preguntó cuándo dirigiría de nuevo “Tristán e Isolda”. Von Karajan había sido catapultado a la fama cuando dirigió esa ópera en 1939 (en plena Segunda Guerra Mundial!) en la Ópera Estatal de Berlín, con apenas 31 años de edad. De alguna manera, su nombre quedó ligado a esa ópera desde entonces; de ahí la pregunta en la entrevista. Karajan respondió (para entonces ya rebasaba los 60 años de edad) que no era bueno para alguien mayor de 60 años, dirigir esa ópera. Se sabe que varios directores han muerto mientras dirigían esa ópera, todos ellos durante el segundo acto.

   Esto es porque la enorme tensión que Wagner construye en sus óperas, atrasando y buscando siempre la redención , tiene, de manera irremediable, sus efectos en la presión arterial, generando incluso que el pulso se eleve tanto que alcanza nivel de taquicardia. Yo no he dirigido esa ópera completa, pero el dirigir su “Preludio” y su “Muerte de amor”, me han sido suficientes para comprobar esa alteración.

   Por ello es muy significativo que Karajan, ya rondando los 70 años de edad y bastante lastimado por un serio problema de la columna que casi le obligaba a arrastrarse, haya programado la “Muerte de Amor de Isolda”, que es el final de la grandiosa ópera, en un concierto con su Filarmónica y la maravillosa soprano Jessye Norman.
  
   Tuve la fortuna de estar presente en el ensayo general, único que hicieron juntos. Al inicio del ensayo, estando ya Norman en el escenario junto al Maestro, éste pidió le trajeran una silla y le dijo: “Por favor, siéntese y escúchenos. Así no tendremos que hacer tantas explicaciones”. Procedió entonces a dirigir (sí,  dirigir) esa conmovedora parte final de la ópera, que la Norman escuchó con atención. Luego la dirigió de nuevo, ya con la Norman cantando.

   Sobrecogedora es la manera como Karajan hace que esa música surja desde los abismos más profundos, justo como inicia el “Preludio”. Así emergió la soprano de la Norman y juntos, escuchándose, reaccionando al acontecer, fueron creciendo en intensidad y en fuerza expresiva, tal y como dice el texto wagneriano, que refiere a las olas de aromas embriagadores “que se dilatan y me envuelven” en el fluctuante torrente, en la resonancia armoniosa, en el infinito hálito…

   Siempre he considerado que el campo en el que mejor se manifestaba la enorme capacidad de von Karajan, era el campo de la ópera. Lo observé en muchas ocasiones ensayando y dirigiendo “Don Carlos” (Verdi), “Trovador” (Verdi), “Lohengrin” (Wagner), “Fidelio” (Beethoven), “Bohemia” (Puccini), “La flauta mágica”  (Mozart) y “Los maestros cantores de Nürnberg”. Karajan, que conocía de memoria los textos de esas y otras 40 óperas, en todo momento cantaba con los solistas, dirigía su respiración, propiciaba en la orquesta el “tapete musical” necesario sobre el que los solistas vocales  se manifestaban con soltura, con seguridad, con musicalidad. Y así como él literalmente seducía e inducía a sus filarmónicos con una gesticulación mínima pero extremadamente eficiente, así seducía e inducía a sus solistas en la expresión de las múltiples emociones contenidas en la óperas.

   También así sucedió cuando Jessye Norman cantó con él y su Filarmónica la “Muerte de amor de Isolda”, lo que queda documentado acertadamente en el video


   Notamos a von Karajan fundido, sumergido en el gran Todo de la música, del universo, moldeando el sonido orquestal y el vocal con profunda sensibilidad, con una empatía que es fragancia, con una firmeza y suavidad que destella madurez musical, que refleja la beatitud de morir de amor: es todo un marco y contenido musical en el que la Norman se explaya, se expande, se eleva. Y, como dice el texto, todo resplandece con luz creciente, llena, sublime, que inflama el corazón y  nos envuelve y traslada a los ámbitos supremos, excelsos, redentores.

*Compositor musical y director sinfónico. Director Artístico de CONSORTIUM SONORUS, orquesta de cámara.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Mi cartilla militar, en Viena.


De cómo Hermilo Novelo salvó mi carrera musical.
por Sergio Cárdenas*
A Fernando Ávila Navarro,
con agradecimiento y afecto vigentes.

     Cuando a finales de junio de 1975 el Rector de la entonces Escuela Superior de Música y Arte Dramático “Mozarteum” (hoy: Universidad de la Música), el Mtro. Paul Schilhawsky me ofreció, al término de la Ceremonia de Graduación de la carrera de Dirección Orquestal, la conducción de la Orquesta Sinfónica de esa prestigiada Escuela a partir del siguiente ciclo académico (septiembre del mismo año), me encontré con un enorme problema.
     Cinco años antes me había sido otorgada una beca para realizar los estudios de Maestría en Dirección Coral en el reconocido Westminster Choir College, de Princeton, NJ (USA). Esto sucedió cuando llevaba apenas unos meses de estar cumpliendo con el Servicio Militar.  Por la importancia de esa beca para mi desarrollo, indagué en la Secretaría de la Defensa Nacional sobre la posibilidad de posponer la realización del servicio militar, a lo que me respondieron que en ese caso, se me podría dar permiso para ausentarme del país por no más de cinco (5) años, al término de los cuales yo debería regresar a México a concluir el referido servicio.
     Así, yo debería regresar a México justo en el verano de 1975. Entré en un periodo de angustia pues la fabulosa oportunidad de ocupar la titularidad de una orquesta sinfónica en la ciudad natal de Mozart a los 24 años de edad, me parecía algo que de  manera alguna debería yo dejar ir de mis manos.
     Ya en ocasiones anteriores, durante el transcurso de mis estudios en Salzburgo, había yo recurrido a Fernando Ávila Navarro, a la sazón Agregado Cultural de México en Austria, a solicitar consejo respecto algunas inquietudes musicales mías. Recuerdo más que bien, por ejemplo, cómo la vehemencia con la que Fernando me hablaba de Celibidache  fue lo que a la postre me llevó al para mí muy afortunado encuentro con ese demiurgo musical en 1977.
     Fue en la primavera de 1975 cuando al tomar conciencia del inminente regreso a México para cumplir con el Servicio Militar, recurrí al consejo de Fernando pues dado lo vivido en Salzburgo en el tiempo que llevaba yo ahí como estudiante, tenía la convicción de que interrumpir entonces mis estudios y preparación musical no era lo más adecuado. Fernando entendió de inmediato la dimensión de mi inquietud y prometió pensar una posible solución para mí.
     Pocos días después, Ávila me llamó desde Viena para informarme que en unas semanas más, el violinista mexicano Hermilo Novelo (http://es.wikipedia.org/wiki/Hermilo_Novelo)  estaría ofreciendo un recital en Salzburgo: “Acércate a Hermilo y plantéale tu problema; él tiene buenas conexiones en México y seguro  te podrá ayudar”, me dijo Ávila.
     Asistí en Salzburgo al recital de Hermilo Novelo. Al término de su presentación, fui a presentarme con él felicitándolo por su actuación. Lo invité a cenar, junto con su esposa, la escritora Marcela del Río, quien lo acompañaba. En la cena, expuse a Hermilo mi problema. De inmediato, con una generosidad cariñosa, me pidió que le escribiera a su amigo, Mario Moya Palencia, entonces Secretario de Gobernación del Presidente Echeverría. “Cuéntale todo, incluso que le escribes por recomendación mía”, dijo Hermilo. “Yo regresaré a México en un mes y llegando me comunicaré con él para insistir en que te ayude”, agregó.
     Así lo hice. Sin embargo, pasaron los meses y yo no recibía noticia alguna de México. Para entonces había llegado el mes de junio y ya tenía en mis manos el magnífico ofrecimiento del Rector Schilhawsky. “Con esto en mis manos, sería más que desafortunado no contar con la solución del problema del servicio militar y, por ello, tener que regresar a México, cancelando la posibilidad de asumir mi primer trabajo como director titular de sinfónica en septiembre siguiente”, comenté a Ávila. “No pierdas la calma, ya aparecerá algo”, me decía Fernando.
    A mediados de julio, recibí de la Embajada de México en Viena una llamada telefónica: “Que me presentara cuanto antes a recoger un documento que debería ser recibido de manera personal”. Al día siguiente, viajé temprano a Viena para llegar antes del mediodía. Previo al abordaje del tren, me había tomado unas fotos en la caseta fotográfica que estaba instalada en la estación central de ferrocarril de Salzburgo, pues me habían pedido que llevara unas fotos tamaño infantil. Salieron tan horrorosas esas fotos que cuando la secretaria de la embajada las vio, casi se negaba a aceptarlas para agregarlas al documento que me entregaría: mi cartilla del servicio militar ¡liberada! “¿Porqué me trae usted unas fotos suyas tan feas para un documento tan importante?”, me había dicho la secretaria con voz de regaño. “No tuve tiempo ni dinero para conseguir algo mejor; tampoco creo que con más tiempo y dinero hubiera mejorado mucho la imagen”, le contesté.
     Los documentos que recibí de la embajada mexicana, incluían un oficio en el que el Secretario de Gobernación había girado instrucciones al Secretario de la Defensa Nacional para que mi cartilla fuera liberada. Todos los documentos los habían mandado por medio de la valija diplomática que la embajada recibía con periodicidad de la Secretaria de Relaciones Exteriores de México. Recuerdo que al ver esos documentos, no pude contener la alegría y salté rebosando de felicidad: pensaba yo en lo que me esperaba a partir del próximo mes de septiembre.
     Esa intervención afortunada de Hermilo Novelo me permitió vivir en Salzburgo cuatro años más, años que viví con gran emoción y felicidad, entregado al estudio a fondo del canon clásico del repertorio sinfónico. Esos años me permitieron, asimismo, dirigir la espléndida orquesta estudiantil del “Mozarteum” en algunos conciertos memorables, entre los que destacan aquellos en los que contamos con la colaboración como solistas de Gidon Kremer y Henryk Szeryng. La gran sensación fue el concierto con Kremer, a los pocos meses de asumir la titularidad de la orquesta, pues poco antes von Karajan había declarado que Gidon Kremer era “el mejor violinista del mundo”, declaración que en especial en Salzburgo, ciudad natal de von Karajan, tenía nivel de dogma.
     De similar manera, gracias a esa continuidad de estancia en Europa, descubrí para mí a Sergiu Celibidache, cuyo primer encuentro viví con perplejidad en la primavera de 1977 al asistir a sus ensayos al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart. En otra ocasión compartiré lo que significó para mí y cómo cambió (enderezó, diría) mi vida a partir de ese luminoso encuentro. Mientras, mi agradecimiento perenne al violinista mexicano Hermilo Novelo, salvador de mi carrera musical.                                   *Profesor Titular de Carrera en la Facultad de Música-UNAM, Ciudad de México.

©Sergio Ismael Cárdenas Tamez, 10 de febrero de 2015.



Este artículo se publicó en el mensuario LA DIGNA METÁFORA, en febrero, 2015:
https://onomatopeyadeloindecible.blogspot.com/2015/02/mi-cartilla-en-viena-la-digna-metafora.html