viernes, 21 de enero de 2022

Festivales Mozart de la ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL de México

En los meses de enero de los años 1981 a 1984, siendo Director Artístico de la ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL de MÉXICO OSN), dirigí durante la última semana de esos meses, el exitoso FESTIVAL MOZART, coincidiendo con la fecha de aniversario del natalicio del genio de Salzburgo,  acaecido el 27 de enero de 1756.

"Todo músico debe tocar, al menos una vez al año, obras de Mozart", me decía alguna vez el violista italiano Giusto CAPPONE, Principal de la Filarmónica de Berlín. "Mozart, entre sus muchas virtudes, tiene aquella de poner en orden los dedos", continuaba  comentando Giusto. "Nos legó una música pura, transparente, que deja a cualquier exponente de ella, al descubierto. Por ello requiere ser tocada con sumo cuidado".

Estando de acuerdo con esa convicción ganada por la experiencia y la sensibilidad, yo mismo he mantenido ese criterio en la programación de mis actividades musicales.

Fue una de las razones que me movieron a organizar y dirigir los Festivales Mozart de la OSN, que fueron un deleite total al público y una gran oportunidad de superación para los integrantes de la orquesta.

El legado mozartiano se compartió a través de recitales de música de cámara (sonatas, cuartetos, tríos, canciones, etc), de las participaciones de la Camerata de la OSN y, desde luego, de la propia OSN. En esos conciertos, que tuvieron como sedes principales la Pinacoteca Virreinal, la Sala M. M. Ponce y la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, logró la participación de solistas como Thomas Zehetmair (violín), Guadalupe Parrondo, Érika Kubacsek, Emilio Angulo, José Kahn, Gerardo González, María Teresa Castrillón, Juan José Calatayud (pianistas), Flavio Becerra, Margarita Pruneda, Estrella Ramírez, Luis Beckman, Ignaco Clapés, Adriana Díaz de León (cantantes), Gildardo Mojica (flautista), David Jiménez (clarinetista), el Coro Convivium Musicum y otros destacados músicos.

Comparto aquí algunas portadas de los programas generales y trípticos promocionales de la programación.

El dibujo y el óleo de Mozart, son de la autoría de ELVIRA GASCÓN  (1911-2000).









lunes, 3 de enero de 2022

50º aniversario de LOS 12 VIOLONCHELISTAS de la FILARMÓNICA DE BERLÍN.

 


En la Gran Sala de la Fundación Mozarteum, de Salzburgo, Austria.

50º aniversario de LOS 12 VIOLONCHELISTAS de la FILARMÓNICA DE BERLÍN.


El domingo 9 de enero, 2022, el maravilloso ensamble de Los 12 Violonchelistas de la Filarmónica de Berlín, estará celebrando 50 años de desplegar sus seductoras sonoridades. Se trata de un ensamble ejemplar en el que cada integrante, da siempre lo mejor de sí para hacer justicia a la música y al enorme prestigio del legendario conjunto filarmónico al que pertenecen.


No oculto mi enorme alegría de saberme incluido en la lista de los compositores que han incluido en su repertorio (https://www.die12cellisten.de/en/repertoire_Repertoire.html),  compartiendo créditos con Xenakis, Arvo Pärt, Rihm, Francaix, Saariaho, TanDun y muchos más. Dos han sido las piezas que compuse por encargo de ellos y para ellos. Esto sucedió a principios del año 2001, cuando Georg Faust, a la sazón Violonchelista Solista Principal de la Filarmónica de Berlín, me solicitó que les escribiera “un rap, para su próxima grabación con la disquera EMIClassics, y una pieza de sabor mexicano”; eso me dijo Faust.


En el mes de septiembre de ese mismo año, entregué a Faust una copia del manuscrito de “The flower is a key <a rap for Mozart>”, sobre un cautivador poema del guanajuatense DYMA EZBAN (poema que yo traduje al inglés). Faust de inmediato propuso que fuera Sir Simon Rattle quien hiciera la grabación como rapero, lo cual así sucedió. La pieza se grabó en los Estudios Teldec, de Berlín, a principios de enero de 2002; fue incluida en el CD “‘Round Midnight”, que los violonchelistas pudieron llevar a su gira por Japón y Corea del Sur durante julio del mismo año, habiendo vendido miles de ejemplares en esos conciertos.


La otra pieza, “Huapangos”, que entregué a finales del 2001, se quedó archivada unos años hasta que en 2009 fue “desempolvada” y estrenada en la Sala Principal de la Filarmónica de Berlín.  Fue incluida en siete (7) de los conciertos que los violonchelistas tocaron en Corea del Sur, Vietnam y Taiwán, en su gira del verano de 2010.


Comparto aquí algunos vínculos en los que se encontrará mayor información sobre estas dos piezas de mi autoría:


Sobre “THE FLOWER IS A KEY”:


https://www.youtube.com/watch?v=dGVnI-VGe5Q


https://onomatopeyadeloindecible.blogspot.com/2015/04/con-los-12-violonchelistas-de-la.html


https://onomatopeyadeloindecible.blogspot.com/2016/08/maravillosa-noticia-sobre-flower-is-key.html






Sobre “HUAPANGOS”:


https://www.youtube.com/watch?v=cnQWClhNPvM&t=125s 


https://onomatopeyadeloindecible.blogspot.com/2009/04/huapangos-estreno-en-berlin.html 



En la Sala Chaikovski, del Conservatorio de Moscú.





domingo, 2 de enero de 2022

Mensaje de Año Nuevo 2022, del poeta-filósofo DYMA EZBAN


    VIVIR UN AÑO NUEVO 

                        Infinito RETORNO 

El año nos da una relación con el tiempo. El tiempo nos hace ser. Sospecho que el tiempo nos hace “hacer”. El niño tiene tiempo y el anciano tienen tiempo, son tiempo y el tiempo los hace tener, conservar-se, permanecer-se, vivir-se. Uno actúa distinto que el otro. Su “hacer” los hace ser diferentes en su historia personal. Su “hacer” les da la configuración que sustentan y exhiben ante el otro. Hay seres que acaban su vida en poco tiempo por la multiplicidad de sus “haceres” y hay seres que la prolongan y la estiran hasta la última gota de ser por economizar sus “haceres”. Cada ser humano se da y se entrega de forma distinta al tiempo, siendo tiempo. Un año es una arquitectura de piedra transparente, cada hora, día, semana, mes, pasillos y caminos, espacios abiertos y cerrados, laberinto de habitar lo abierto como si el camino fuera redondo, donde cada ser humano fuera la partida y la llegada a la vez. Partida y llegada que es un ciclo como es el ciclo transparente de pronunciar “Año”. “Año”: Emperador de los meses y semanas y días y horas. El tiempo es como el barro al que uno le da forma y termina dándose forma. El Año sólo determina la perspectiva de esa forma, pero nada se determina. 

Cumplir ciclos es conmemorar “el Tiempo”, al dios Tiempo se podría decir, el que nos hace ser en actos para subsistir como Tiempo. Un filósofo nos recuerda que somos tiempo, “el ser es tiempo.” Sospecho que el ser como ser, supera al tiempo de ser, es decir, si la forma del tiempo es el “hacer”, este “hacer” es su sentido como tiempo, es decir, el tiempo sería la forma y el hacer su contenido. Pienso que este tiempo es tiempo del “hacer”. Los latinoamericanos somos “hacer”, “hacer” en el tiempo. Por el “hacer” somos. Hacemos y en el hacer somos, hacemos sin más. Esto es fundamental. Y en este sentido somos movimiento, espacio. 

Un año más de vida significa integrar actos en el cuerpo, darle forma al espacio que nos contiene, múltiples actos se encadenan y disipan, se insinúan y se rozan, se equilibran y se ocultan, se violentan y serenan, aparentan concluir un ciclo que significan empezar otro. El cuerpo es el protagonista en esta forma de tiempo. El tiempo encarnado es el “hacer” del cuerpo que se convierte en un espacio encarnado. El cuerpo se impregna de Tiempo y en la forma de impregnarse esculpe su rostro y experimenta la potestad y el saberse propietario de su existencia, de su ser. Estoy, Existo. Habito. Persevero en el perseverar mismo. Siendo vida acepto hacerme lo vivo en actos. 

En cada ciclo de tiempo nos reafirmamos en nuestro ser. Existo. Soy. Yo diría, “Hago”. “Me Hago” en el sentido de me realizo, me hago realidad con todo, me uno a todo a través de mi acto y este todo me hace que me pertenezca a mí como acto de perseverar en el “hacer”. Cada Año Nuevo hace que me enfrente a mis actos, luego entonces, cada año es una suma de actos en su inquisición postrera. Pero un acto no es imperfecto ni perfecto, ni bueno ni malo, “es” simplemente. Esto no hay que tomarlo a la ligera, pues el acto siempre tiene un destinatario universal que es el propio mundo, el otro, el semejante. En este sentido sospecho que el Año Nuevo sólo tiene sentido para el mundo, para el otro, para el semejante, son ellos quienes me lo hacen patente, me lo presentan, me lo ponen en la cara para que marque mi rostro como un tatuaje perpetuo, y bajo esta perspectiva mi acto que “era” solamente, ahora puede ser perfecto e imperfecto, malo o bueno, etc. Es por el otro que mi acto es dual, bivalente, incierto, débil. 

Todos sabemos que el cuerpo es quien envejece, pero, ¿envejece con respecto a qué? ¿Al mundo, al otro, a mí mismo? El mundo no envejece, se transforma. El otro no envejece, se transforma. Yo entonces no envejezco, me transformo. Cambio. El tanto moverse me hace tener cansancio y poco a poco soy más lento. El cuerpo cumple su ciclo. Un año más y otro y otro. La potencialidad de ser se agota en su presencia de ser. Tanta presencia de ser se desgasta en cada acto de ser, pues en cada acto queda su esencia como presencia de ser en acto. 

Quien viaja por el tiempo es mi cuerpo en suma de actos constantes, lo que los griegos llamaron“devenir”. Pero“romper”elTiempo en años, meses, semanas, horas es algo que tiene sentido para el que me observa, no para mí que vivo el tiempo y me vive el tiempo, no para mí que actúo y creo actos. El niño es una suma de actos como el anciano es una suma de actos, enteros en sí mismos. Esto quiere decir que el acto aparenta estar en el tiempo, como nos es claro que la conciencia no está en el tiempo. La conciencia, el alma, el espíritu no se miden en razón de tiempo ni en ninguna otra razón, son enteros en su enteridad. Digamos que es el cuerpo el que deviene tiempo, la conciencia no. La conciencia “es” con un todo y que es el propio todo. 

Dicen que un Año Nuevo es tiempo de reflexión, de hacer recapitulación y revisión de lo que se hizo en un año. Desde este punto de vista quien cumple los ciclos es el otro que me mira actuar, pues el otro sí tiene la referencia de los días y meses, yo solamente vivo, duermo y me levanto. Es el otro que me pone el límite de haber vivido un año. Yo vivo la vida en su enteridad, en su extensión total, porque la vida es todo. La vida no está rota en, como, para el tiempo. De hecho cada año es cada año, es decir, cada día es un año respecto al otro día del otro año. Cada día cumple un año y cada día sería motivo de reflexión. 

Cualquier ser humano puede vivir en una isla acompañado por el día y la noche. El tiempo toma la forma del ser que lo contiene y lo vuelve plástico, líquido, sólido, gaseoso, salado, útil, distante, dulce, amargo, frutal, selvático, marino, montañoso, sanguíneo, palabra. La reflexión no supone asumir la amargura del otro. No hay felicidad si no hay serenidad, no hay prosperidad si todos no avanzamos de la mano. En suma, es “el otro” el que me pone en el tiempo y es para el otro que yo envejezco y tengo ciclos de años. Yo vivo en la totalidad de la vida y en la eternidad, pues, mi relación es con la vida en su enteridad existente y no en su particularidad de medida. Y en este espacio siempre conservaré la edad total de mi cuerpo que siempre será única y entera, pues tengo toda la edad de todos los universos posibles. Sí, el Tiempo no se debe entender, se debe vivir. 

¡FELIZ ETERNIDAD!
¡UN ABRAZO DEL TAMAÑO DEL CIELO!

Te Desea... 

Dyma Ezban. 


https://es.wikidat.com/info/demetrio-vazquez-apolinar



sábado, 25 de diciembre de 2021

Las siete décadas de Sergio Cárdenas…. por VÍCTOR ROURA

 




https://sdemergencia.com/2021/12/24/la-letra-no-es-un-factor-determinante-para-la-profundidad-de-la-musica/ 



“LA LETRA NO ES UN FACTOR DETERMINANTE PARA LA PROFUNDIDAD DE LA MÚSICA”

Las siete décadas de Sergio Cárdenas…

 Víctor Roura / 2021-12-25


Tiene más de medio siglo desde que estrenó y se estrenó como compositor. De hecho, precisamente como compositor, tiene un catálogo que rebasa el centenar de obras, muchas de las cuales han sido estrenadas con éxito en Alemania, Austria, Italia, Francia, Polonia, Suiza, Estados Unidos, Bélgica, Egipto, Taiwán, Corea del Sur, Japón, España y México. Además, es el único mexicano que ha ocupado la titularidad en organismos orquestales de Alemania, Austria y Egipto, además de su país natal. Compositor, director de orquesta, también traductor y hacedor de libros… en este 2021, Sergio Cárdenas arribó a sus siete fructíferas décadas de vida. Y sí: aquí queremos celebrarlo… 



Compositor, traductor, director de orquesta, hacedor de libros

En este año que finaliza el músico, compositor y director de orquesta Sergio Cárdenas arribó a sus siete fructíferas décadas de vida, el pasado 17 de junio; ese día, del año 1951, vio la luz primera en Ciudad Victoria, Tamaulipas.

Desde muy joven empezó a destacar en la música sinfónica, habiendo dirigido ya orquestas de indudable prestigio como la Sinfónica de la Universidad de Música Mozarteum de Salzburgo, Austria; la Sinfónica de Hof, de Alemania; la Sinfónica de El Cairo, Egipto; la Sinfónica Estanislao Mejía de la Facultad de Música de la UNAM, y de cámara Consortium Sonorus, de la que es fundador, además de haber sido titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de México y de la Filarmónica de Querétaro.

Es compositor de un catálogo que rebasa el centenar de obras, varias de ellas estrenadas en países como Alemania, Austria, Italia, Francia, Polonia, Suiza, Estados Unidos, Bélgica, Egipto, Taiwán, Corea del Sur, Japón, España, además, por supuesto, de México. Posee, asimismo, diversas grabaciones no sólo accesibles en México, sino en diferentes partes del mundo.

No sólo eso.

También ha escrito numerosos libros sobre aspectos musicales: yo le edité en 2010, en la colección “Cuadernos de El Financiero”, el volumen Una dimensión no lineal, que recoge diversos ensayos sobre temas musicales.

Es conocida también su faceta de traductor poético, habiendo realizado versiones de más de 80 poemas y todas las Elegías Duinenses de Rainer Maria Rilke y otros 40 de diversos poetas alemanes contemporáneos como Rost, Braun, Becker, Gernhardt, Grass, Wondratschek, Wirz, Gruenbein, Auslaender y Leemann…

Es admirada, faltaba más, su labor magisterial, sobre todo en la UNAM.

La siguiente es una conversación con don Sergio Cárdenas efectuada hace algunos ayeres —con la batuta en el podio dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Nacional, plática no común entonces en un director de su talla… ¡con menos de 30 años de edad!—, pero cuyo núcleo reflexivo sigue vigente aún en su pensamiento de los días que corren.

Estudiantes de la Academia Real de Música

Lograr que a través de un mensaje musical pueda llegar al público una experiencia puramente sensorial es el objetivo de Sergio Cárdenas, entonces titular de la Orquesta Sinfónica Nacional.

—Esto es sumamente difícil —dice—; sobre todo, cuando estamos viviendo en un medio tan contaminado auditivamente. Lograr que el público trascienda la vivencia auditiva de lo que está escuchando es muy complicado, pero esa es la meta de todo arte.

Sergio Cárdenas se mueve en forma constante en su asiento, detrás del escritorio.

—No es mi principal preocupación —dice respecto a la balada, la música de más consumo en el país—. Generalmente, cuando escucho estas cosas es en ciertos restaurantes en donde va uno a comer y no se le tiene consideración a la clientela. Tenemos que estar oyendo a fuerza su mentada música de fondo. Entonces, me doy cuenta más o menos de cómo andan las cosas; pero, en realidad, sinceramente, no me llama la atención ni me interesa tampoco porque creo yo que ha faltado mejor preparación en los compositores de ese tipo de música. Digamos: en un tiempo estuvieron dominando Los Beatles con sus creaciones. Y a mí, particularmente, me gustan bastante los temas de ese grupo. Y una vez me interesó saber por qué ellos tenían tan buena música, aun siendo rocanroleros. Y en las investigaciones estas, naturalmente no profundas, me encontré con que todos los integrantes del conjunto habían sido estudiantes de música en la Academia Real. Tanto Lennon como McCartney habían estudiado composición musical. En serio. O sea, que sabían en realidad lo que era el oficio. Aparte de que ellos, por sí solos, por naturaleza, tenían talento.

El rock en la secundaria

Atiende el teléfono. Pregunta por Mario Lavista. Su oficina es pequeña, pero acogedora. Una cortina evita el paso del Sol. Cuelga y responde:

—Comparadas con las creaciones que se realizan en Estados Unidos, claro que no se da el jazz en México. En primer lugar, porque ese país es muchísimo más grande que México, más del doble. Y de población, también. Y en segundo lugar, porque el jazz es una música netamente estadounidense. Y no puede esperarse que en México tenga la misma repercusión. Además, quizá se deba esto a que el jazz, en sí, es una expresión, una forma musical que va más allá de la simple estimulación sensorial, como puede ser la música de los Bee Gees o de Travolta o grupos por el estilo. El jazz tiene unas virtudes relajantes por su estructura interna, porque su forma musical es mucho más amplia que los compases incluidos en las creaciones, si así se les puede llamar, de los Bee Gees y de esos arreglistas del momento.

—En su inicio, ¿participó usted en algún grupo moderno?

—No, en realidad no —dice apresurado—. En la secundaria yo tuve siempre el sueño de llegar a ser baterista de un grupo de rocanrol. Pero era en aquel entonces, en primero de secundaria, tendría 13 o 14 años. 1964. En aquel entonces me apasionaba el rocanrol. Pero en la música en general yo no creo que haya esas divisiones que muchos elitistas consideran que existen, que hay la música buena, que es la clásica, la culta, y la otra, ¿qué será?, ¿inculta?, no sé… pero en realidad, no: Los Beatles tienen música excelente, Gershwin también, los espirituales negros o los jazzistas tienen cosas fabulosísimas también. Por eso, en música nada más hay buena o mala. Y se acabó la historia, ¿no? También Beethoven tiene cosas malas. Eso se da en todos lados. Pero en ese entonces, en mi etapa de secundaria, quizá porque era la moda o por las influencias del momento, me gustaba el rock. Asimismo, también estudiaba piano, intervenía en el coro infantil.

“La música no tiene nada que ver con el canto”

—¿ Qué fue lo que lo inclinó más hacia la llamada música culta?

—Lo que sucede es que en aquel entonces, de manera inconsciente o en forma intuitiva, sentí esa atracción por la música clásica. Porque la expresión era más profunda. El mensaje musical es mucho más amplio. Y mucho más variado. Y no se limita a las formas pequeñas y cortas de la música popular.

—¿No tuvo alguna vez la necesidad de incluir letra, para darle otro tipo de profundidad a la música?

—¿Letras de qué? —gesticula Sergio Cárdenas—, ¿de incluir en dónde? La música no tiene nada que ver con el canto. Nada.

Sus manos parecen también hablar.

—¿No tuvo nunca interés por mezclar el canto con la música? —se le insiste.

—Ah, sí, bueno, pero eso no tiene en realidad por qué considerarse…

—¿Por qué?, ¿le resta importancia?

—No. La letra, en sí, tiene importancia. Pero la letra no es un factor determinante para la profundidad de la música. Eso nunca. En ninguna obra. Ni de Mozart ni de Beethoven ni de nadie…

—¿En Bob Dylan?

—En ningún compositor —enfatiza—. En ninguna obra. Ahí está Leonard Cohen, por ejemplo, que tiene textos preciosísimos pero una música aburrida como ella sola, ¿no? Sus textos maravillosos encuentran su vehículo de acercamiento para lograr un mayor contacto a través de la agregación sonora. En realidad, lo que ahí valen son los textos… Es que la música no tiene nada que ver con el texto. El texto no forma parte de un fenómeno musical…

—El caso de la ópera…

—Tampoco, porque la ópera es teatro musical. Lo que cuenta en la ópera es el teatro, el drama de la escena que va reforzado con la música. Entonces, la música se adapta a una escena teatral. Los grandes compositores de ópera son los que saben cantar la esencia de la escena dramática.

“La música no existe”

Se había hablado ya de jazz, de balada, de música clásica.

Sergio Cárdenas se extraña de tanta diferencia para definir a los géneros. Para él, todo es música.

—O hay música buena o mala —asevera—. Pero es que aquí hay varias complicaciones semánticas. Si vamos a tratar de hablar sobre las cosas con toda claridad, empecemos diciendo que la música no existe. No existe: es algo en un cierto momento que, dadas las condiciones, se vuelve música. Pasado ese instante, ya pasó. La música no es algo que usted pueda palpar, que pueda decir: esto es música. Así que si empezamos por el asunto de las definiciones, tenemos que comenzar por esta declaración: la música no existe.

—Pero la música está conformada por sonidos y éstos sí son identificables. Ahí están Cage o Stockhausen. ¿Qué opinión tiene de ellos?

—Ellos producen una colección interesante de ruidos. A mí no me interesa ese género, porque ahí en ese caso se trata de experiencias sonoras que tienen su existencia con base en efectos, en donde un efecto se presenta como justificación o garantía para que pueda pasar un cierto momento y se espera el siguiente efecto. Pero en cuanto a combinación sonora, no. La música tiene que considerar varios aspectos. El fenómeno musical es un fenómeno en donde entra una dualidad de propiedades. Y una de ellas es una dualidad cósmica, en donde la naturaleza, el cosmos, decide todo, independientemente de lo que yo o Brahms o Chávez o Cage digamos. Y la otra es el aspecto humano. Y va a depender del entendimiento que se tenga del cosmos para que todo esto llegue a un engranaje, de tal manera que el fenómeno cósmico se vuelva un fenómeno musical. Y pasadas las circunstancias, desaparezca.

Y sonríe como para sí mismo.

Contrariedades de Cárdenas

[La siguiente crónica, de hace cuatro décadas (23 de agosto de 1982 sucedida en Aguascalientes), define la característica ética de Sergio Cárdenas, que a la fecha sigue siendo, el hombre, el mismo de siempre, lo cual exhibe al ser cabal que es, que siempre ha sido, este compositor señero.]

Hablaba sobre la posibilidad de crear foros nuevos, cuando fue interrumpirlo.

—Que nos disculpen los periodistas, pero el maestro Sergio Cárdenas no fue invitado a esta conferencia —dijo Enrique Villa.

—Me perdona, pero no es cierto —contesta desconcertado Víctor Sandoval, entonces director de Promoción Nacional del Instituto Nacional de Bellas Artes—… no es cierto, yo personalmente…

—… Me perdona, pero no… —adujo Villa.

—… Le informé sobre la cita…

Víctor Sandoval no hallaba cómo decir lo contrario. De pronto su coraje creció. La cámara de televisión estaba atenta al imprevisto suceso. Un silencio reinaba en la sala. Enrique Villa, jefe de Relaciones Públicas de la Orquesta Sinfónica Nacional, insistió:

—El maestro Cárdenas no estaba enterado de esta conferencia. Me lo acaba de decir.

Y dijo que, sin embargo, Cárdenas estaba presente, por lo que Víctor Sandoval indicó que si estaba ahí pues que pasara, que adelante, que si bien el comienzo de la conferencia se había atrasado precisamente por esperarlo, pues ya ni modo, pero ya que estaba él ahí pues que adelante, vamos, vamos. Y de nuevo el silencio generalizado se produjo, mismo que quiso romper el propio Sandoval cuando dijo que si queríamos hacer más preguntas que adelante, vamos, vamos. Pero no dio tiempo a nada, porque se vio entrar al director de la Sinfónica Nacional, Sergio Cárdenas, sencillamente vestido, playera azul y pantalón del mismo color, con lentes oscuros y una cara de disgusto que no podía ocultar. Tomó asiento. Parecía no mirar a nadie. Y se invitó a preguntar.

—La obra de Daniel Catán: En un doblez del tiempo, que se estrenará en esta ciudad [Aguascalientes], ¿fue por encargo de la Sinfónica?

Cárdenas se quitó los lentes oscuros. La cara de disgusto era notable. Miró a la gente. Se diría que casi retadoramente. Y dijo:

—No sé qué se ha dicho. Ha sido un error. Me parece una… falta de educación el iniciar una conferencia así.

Así, sin su presencia. Pero ya estaba él ahí. Y todo podía iniciarse. Además, Víctor Sandoval sólo había comentado la labor del INBA. No había ido muy lejos. Entre otras cosas, había apuntado la acción descentralizadora de ese instituto, el entusiasmo por resaltar los valores de la comunidad provinciana, la idea de formar un público consumidor del arte, de crear la vocación artística, de plantear una serie de proposiciones para que, en el ya cercano próximo sexenio [el de Miguel de la Madrid Hurtado], no haya rupturas tan perjudiciales en la línea cultural. Y hablaba sobre la posibilidad de crear foros nuevos cuando fue interrumpido.

Pero ahora ya se podía comenzar la conferencia.

Pidió disculpas Sergio Cárdenas y dijo que este tercer Festival de Verano obedece a toda una política planteada previamente:

—La orquesta veía con gran preocupación que su nombre no se justificara por completo. De ahí salió la idea de cubrir, con su música, varias zonas de la República. Que tuviera más penetración. Que contribuyera más a la labor cultural. Que su repercusión fuera más duradera.

Y de ahí, también, nació la idea de no limitarse únicamente a conciertos sinfónicos sino de extenderse al aspecto educativo, pedagógico, al didactismo, a cuidar la política de difusión de la orquesta. Esta vez, la Sinfónica Nacional dedicó su programa de apertura a Manuel M. Ponce en el centenario de su natalicio [Zacatecas, 1882-1948]. Y “aprovechando la coyuntura”, Cárdenas encargó una pieza a Daniel Catán [Ciudad de México, 1949-2011] con la única condición de que su pieza fuese un homenaje a Ponce:

—¿Te conmueve la música de Ponce? —preguntó Cárdenas a Catán.

Y Catán respondió que sí.

Eso fue todo.

Pues órale, a trabajar en una obra dedicada a él. Así fue.

Esta obra, En un doblez del tiempo, ha sido la primera que estrena mundialmente la Sinfónica Nacional durante sus festivales de verano. Aunque, aclaró Cárdenas, “si pensamos en términos de música nueva, tendremos que observar para quién es lo nuevo” y, en este caso, dijo que han dado a conocer mucha música a la gente de provincia, por lo que a final de cuentas viene siendo como tocarles música nueva. Cárdenas se refirió, durante toda la charla, a la falta de participación democrática en el país. Dijo que el apoyo no se da en los mismos lineamientos, lo que ocasiona una inexistente política cultural en la nación:

—No se ha establecido nunca una línea clara a la política musical —indicó.

Y aseveró que habría que deslindar responsabilidades. De lo contrario, marcharemos siempre con la esperanza a cuestas y con nada concreto.

A su lado, Víctor Sandoval tenía la mirada perdida. Y Adriana Landeros, la hija del gobernador y directora del Fonapás de esta Aguascalientes, miraba hacia todos lados, hasta que en un momento dado optó por levantarse y retirarse, aburrida, de la sala. La conferencia estaba llegando a su fin. La tensión había disminuido. Parecía que, en realidad, no había pasado nada. Que esa mano abierta de Víctor Sandoval, que se quedó así, abierta, pues Cárdenas decidió no estrecharla, había sido sólo una alucinación momentánea.

Pero no.

Porque al finalizar la rueda de prensa, Cárdenas dijo que nos veríamos en la noche en el Teatro Morelos para la inauguración:

—Si no hay más disgustos —dijo.

Y algo ha de pasar, porque el propio Cárdenas convocó a una conferencia al otro día en el comedor del Hotel Francia y dijo que esta vez la Medalla Ponce, entregada a Juan S. Garrido, José Ruiz Esparza Vega y a Carlos Vázquez, “no tiene nada que ver con el propósito por el que fue creada” ya que, según Cárdenas, en esta ocasión la Sinfónica Nacional no participó en la elección de los ganadores y, de haberlo hecho, sólo hubiera reconocido a Carlos Vázquez. Y dijo que no tiene nada contra los otros dos pero que, simplemente, el propósito de la entrega de la medalla es apreciar los valores musicales. Sólo eso. Al imponerle nombres a la Sinfónica, se ha rebajado la calidad del premio, asentó Cárdenas:

—Se hace énfasis de la institucionalidad y se nos limita la capacidad creadora —comentó—. No tenemos, así, ninguna capacidad de decisión sobre un proyecto nuestro —indicó, contrariado.

Y la conferencia improvisada concluyó.

Pocos creadores, muy pocos —más bien, nadie, o casi nadie—, confrontan de manera directa a las autoridades por temor a perder sus empleos: dos años después de esta contrariedad cardenista, abandonaba Sergio Cárdenas la batuta de la Orquesta Sinfónica Nacional después de haberla dirigido durante un lustro: de 1979 a 1984.



El conflicto continúa en la UNAM

Así como la anterior anécdota, el compositor no ha modificado un ápice su ética transgresora (es decir, “transgresora” para los que se ven afectados con sus denuncias, sin por ello afirmar que no sean justificadas: en un país de “minucias” corruptas son necesarias las voces como la de don Sergio Cárdenas), a tal grado de que, por eso mismo, por hacer públicos los tejemanejes en la Facultad de Música de la UNAM, donde era un académico respetado, fue despedido con insolencia injustificada en 2018. Al respecto, a pregunta expresa, Sergio Cárdenas, de puño y letra, responde:

—Lo de la UNAM aún no concluye: se las han ingeniado para darle largas al caso, no presentándose a declarar, etcétera. La Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA), incluso, tuvo que acordar el envío de la fuerza pública para que se presentara el último testigo, cuya comparecencia se atrasó… ¡casi dos años, pandemia de por medio! Mi abogado me ha informado que sólo falta un cotejo, pero hasta antes de salir de vacaciones, la JFCA no había fijado fecha para ello.

“Mi abogado, desde que se inició el caso, me ha dicho que no hay manera alguna de que la UNAM reciba un veredicto a su favor, en lo cual confío, convencido como estoy, además, de no haber cometido ilícito alguno, mientras que la UNAM, en especial a través de la directora de la Facultad de Música y sus esbirros (¡literalmente!), han incurrido en tremendas arbitrariedades con alarde de impunidad, veleidad y prevaricación. Poco a poco han estado saliendo a la luz pública las diferentes minucias que se permite el cártel de música de la UNAM que, furioso por mi denuncia pública de sus despilfarros (18,300 dólares mensuales a un batutero de cuarta para que se parara en el podio de la OFUNAM no más de, en total, tres meses al año), se alió con la dirección de la FaM para proceder con la consabida arbitrariedad. Por fortuna, no hay mal que dure 100 años; confío en que así se confirmará en el 2022”.

Que así sea.

Porque la corrupción sigue estando allí, simuladamente oculta, debajo de la elegante o discreta alfombra, según.


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VÍCTOR ROURA (Mérida, Yuc, Mx, *1955), escritor, ensayista, editor y periodista de larga y brillante trayectoria pública. Durante un cuarto de siglo, fue el editor de la sección cultural del periódico EL FINANCIERO (CdMx). Desde 1919 es el encargado de la sección cultural de Notimex, agencia de noticias del Estado Mexicano. De él se han publicado más de 30 libros.

Salida de Emergencia es una revista digital de periodismo cultural fundada por el periodista José David Cano, en marzo de 2020. (https://sdemergencia.com/) 

De periodicidad semanal, en el nacimiento de esta publicación dedicada al quehacer cultural también han participado Sergio Raúl López y Juan José Flores Nava —ambos periodistas con una amplia trayectoria en el oficio cultural—, así como el escritor, filósofo y periodista Carlos Herrera de la Fuente.

martes, 21 de diciembre de 2021

Temporada de Otoño 1983, de la Sinfónica Nacional de México

 La programación de la Temporada de Conciertos del Otoño de 1983, de la ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL de MÉXICO, se caracterizó por la inclusión, en siete (7) de los ocho (8) programas, del ESTRENO MUNDIAL de una obra sinfónica de autoría mexicana compuesta por jóvenes después de 1950. Contando con la valiosa asesoría del eminente compositor mexicano MANUEL ENRÍQUEZ, se pudieron incluir obras de los (entonces) jóvenes compositores Arturo Márquez, Eduardo Soto Millán, Roberto Medina (qepd), Eugenio Delgado, Rodolfo Ramírez, Federico Álvarez del Toro y Daniel  Catán (qepd). 

El programa general de esa memorable temporada, se engalanó con la portada diseñada sobre la base de una bonita pintura de FEDERICO SILVA, que generosamente la proporcionó para tal propósito.













domingo, 12 de diciembre de 2021

Cuando fui Director Coral en Trenton, NJ, USA

 Una vez iniciados mis estudios en el prestigiado    WESTMINSTER CHOIR COLLEGE (Princeton, NJ, USA), en septiembre de 1970, entregué en la oficina de la Bolsa de Trabajo de ese colegio, mi incipiente curriculum vitae, informando de mi interés y disposición en participar como director de coro de alguna de las iglesias de la región. Para entonces, mis únicas experiencias en ese terreno eran las de haber organizado y dirigido un coro de niños en diciembre de 1965 ,para dar un concierto de navidad en mi iglesia de Cd. Victoria, Tam (México). La otra experiencia, la de haber sido fundador y director del coro de la Iglesia Presbiteriana "Horeb", en la Col. 20 de noviembre, de la Ciudad de México, de enero, 1967 a diciembre de 1969. En la primera experiencia, contaba yo 14 años de edad. en la segunda, 15.

A principios de enero de 1971, transcurridos apenas 3 meses de mi arribo a Princeton, me ofrecieron la dirección del Senior Choir (Coro de Adultos), de la Grace Baptist Church, de la cercana ciudad de Trenton, NJ, situada a las márgenes del Río Delaware, que la separa del estado de  Pennsylvania, a escasos 16 km de Princeton. (https://es.wikipedia.org/wiki/Trenton) 

La magnífica soprano Carole Peterson había fungido como directora (interina) en los cuatro meses anteriores. Para mi fortuna, ella continuó como integrante del coro, apoyando con su magnífica voz y con una excelente habilidad para solfear.

En el mismo mes de enero (contaba yo 19 años de edad) inicié los ensayos con "mi nuevo coro"; hice mi debut en esa posición en el Culto de Adoración del domingo 31 de enero, 1971. Cantamos el hermoso arreglo que hizo el compositor inglés Gordon Jacob (https://es.wikipedia.org/wiki/Gordon_Jacob), del popular himno conocido como "Brother James' Air", una sencilla y cautivadora melodía creada por el religioso y poeta inglés James Leith Macbeth Bain   (https://en.wikipedia.org/wiki/James_Leith_Macbeth_Bain), que se basa en el Salmo 23. Comparto aquí un video que contiene este hermoso arreglo:   https://www.youtube.com/watch?v=8Mab6VxmWVs 

El coro, que sin estar integrado por cantantes profesionales (salvo la soprano Peterson) en general podía solfear bastante bien, me permitió poner un repertorio coral que incluyó piezas de compositores estadunidenses contemporáneos, como David Pinkham y Ned Rorem, además del repertorio más común y tradicional de los coros de iglesia.

Ocupé esa posición poco más de año y medio; la dejé para concentrarme en los estudios de maestría, que empecé en el verano de 1972.

La soprano Carole Peterson era integrante de la Compañía de Ópera de Princeton; ella me introdujo a esa compañía, donde fui aceptado como barítono principal, lo que significó mi primera incursión en el mundo de la ópera.





             Sergio Cárdenas, ante la entrada principal del templo Grace Baptist Church, hacia junio de 1972,