miércoles, 31 de julio de 2019

Un Requiem Alemán (Brahms) - críticas

"Un Requiem Alemán" (Ein deutsches Requiem), de J. BRAHMS, ha sido una obra que he tenido cerca de mi corazón por muchos años. La conduje por primera vez en la primavera del año 1980, en el marco del Festival Brahms que programé con la Orquesta Sinfónica Nacional de México, en el Palacio de Bellas Artes (CdMx). Esa exposición constituyó el estreno (mundial) de mi traducción al español de tan significativa obra.

Un año después, tuve la maravillosa oportunidad de dirigirla en la hermosa ciudad polaca de Cracovia, con el magnífico coro y la excelente orquesta de la Radio Nacional Polaca de esa ciudad. Una "probadita" de ese, para mí memorable concierto, se puede escuchar en
https://www.youtube.com/watch?v=F0wdv3Rd5Hs&t=114s
En esa ocasión, como se puede apreciar en la grabación, la obra se cantó en alemán.

Diez años después, en Guanajuato, con la Filarmónica del Bajío y en el marco del Festival Internacional Cervantino, volví a exponer la obra en mi traducción al español.

En los conciertos presentados en español. conté siempre con la excelente colaboración del Coro Oratorio, de la A.M.E.N., coro al que se unieron el del Conservatorio Nacional de Música y el Convivium Musicum.

Comparto aquí críticas publicadas sobre los conciertos en Polonia y en Guanajuato,






Primeras críticas en México


Se trata de las primeras críticas que se publicaron sobre conciertos que conduje en la Ciudad de México y en las ciudades veracruzanas de Xalapa y Coatepec, en julio de 1977. Esos conciertos constituyeron mi debut profesional en México en tanto que director sinfónico.

sábado, 27 de julio de 2019

Un instrumento del sonido para manifestarse



Un instrumento del sonido para manifestarse
por Sergio Cárdenas*

Un músico compositor sabe que lo que comunmente se llama la voz de la Musa es, en realidad, el dictado del sonido; que no es el sonido su instrumento, sino él el medio utilizado por el sonido para manifestarse. No obstante, por mucho que pueda pensarse en él (muy adecuadamente, por cierto) como una especie de ser vivo, el sonido no es capaz de elecciones éticas.
Una persona se pone a componer música por diversas razones: para ganarse el corazón del ser amado; para expresar su actitud ante la realidad circundante; para reflejar su estado de ánimo en un determinado momento; para dejar —tal es al menos su intención— alguna huella en este mundo. Lo más probable es que recurra a esta manera de manifestarse (a través del sonido) por razones inconscientemente miméticas: el negro y vertical coágulo de la notación musical en el papel pautado le debe de recordar su propia situación en el mundo, el equilibrio entre el espacio y su cuerpo. Pero al margen del mayor o menor efecto que produzca en sus lectores lo surgido de su lápiz, la consecuencia inmediata de esta empresa es la sensación de entrar en contacto directo con el sonido, o, más exactamente, la sensación de quedar sometido a una inmediata dependencia respecto del sonido, a todo lo que con él se ha expresado, escrito y conseguido.
Tal dependencia es absoluta, despótica, pero también liberadora. Pues, aun siempre de más antigüedad que el compositor, el sonido sigue poseyendo la colosal energía centrífuga conferida por todo el tiempo que tiene por delante. Y este potencial temporal no solo queda determinado cuantitativamente por el tamaño del campo geográfico en el que el sonido en potencia queda plasmado en el papel pautado sino por la calidad de la música que se escriba en ese papel pautado.
El compositor es el medio de supervivencia de la música. Uno, que compone música, dejará de existir; y también quien la escucha. Pero la notación musical que simboliza la música, ha de permanecer; no sólo porque durará más que el hombre que la escribió, sino también por la mutación que el fenómeno musical va manifestando con el paso del tiempo.
Sin embargo, quien compone una pieza musical,  no lo hace porque pretenda alcanzar la fama en la posteridad, aunque suela albergar la esperanza de que su obra le sobreviva, al menos durante un tiempo. Quien compone una pieza musical lo hace porque el sonido lo inspira a ello, si no es incluso que el sonido le va dictando sonido por sonido.
Por lo general, al empezar una pieza, uno no sabe qué curso va a tomar, y muchas veces uno mismo es el primer sorprendido, pues a menudo el resultado es mejor de lo esperado, a menudo el pensamiento lo lleva a uno más lejos de lo que creía. Y ese es el momento en que el sonido se yergue como futuro, invade el presente.
Existen, como sabemos, tres modos de conocimiento: el modo analítico, el modo intuitivo y el modo de los profetas bíblicos, la revelación. Lo que distingue  la composición musical de otros géneros literarios es su utilización de los tres modos a la vez (aunque sobre todo del segundo y del tercero). Los tres, en efecto, se dan en el fenómeno sonoro; y hay ocasiones en que, mediante un simple sonido, una simple progresión melódica o armónica, el compositor se ve llevado allí donde no ha estado nadie antes que él, quizá incluso más lejos de lo que él mismo deseaba.
Quien compone una obra musical lo hace, sobre todo, porque el plasmar esos sonidos potenciales  en el papel pautado,  es un extraordinario acelerador de la conciencia, del pensamiento, de la comprensión del universo. Una vez experimentada tal aceleración, ya no se puede renunciar a repetir la experiencia; establecemos una dependencia total con este proceso, al igual que otros con las drogas o con el alcohol. A quien establece esta especie de dependencia con el sonido es, supongo, a quien llamamos compositor musical.

* a partir de un texto de Joseph Brodsky

©SergioIsmaelCárdenasTamez; Ciudad de México; el 16 de mayo de 2019.

                     


viernes, 5 de julio de 2019

...tamaulipeco de clase mundial.


El domingo 30 de junio de 2019, la periodista AMPARO G. BERUMEN publicó el siguiente artículo en su columna dominguera de EL SOL DE TAMPICO.



Sergio Cárdenas, tamaulipeco de clase mundial  
                                                                          AMPARO BERUMEN                 

                                               
   Ayer sábado celebró Sergio Cárdenas 50 años como compositor musical. Ya lo había anunciado él con sus palabras: “El 29 de junio de 2019, estaré celebrando el cincuentenario de la primera exposición pública de una obra musical de mi autoría. La lista de quienes se han aventurado a exponer obras musicales mías es larga y ancha: me honra mucho, me mueve al agradecimiento perenne por tan enorme distinción”. Y comparte nombres de solistas, directores, orquestas y ensambles de Suiza, Alemania, Italia, Francia, Rusia, Polonia, España, Egipto y, por supuesto México. El catálogo de sus composiciones abarca casi las 120 obras para diversas combinaciones instrumentales y/o vocales que, en su mayoría, han sido estrenadas con éxito en Alemania, Austria, Italia, Polonia, Suiza, Estados Unidos, Bélgica, Egipto y México. Asimismo, otras tantas han sido grabadas por agrupaciones extranjeras y ensambles nacionales.
   En Junio de 1969 Sergio Cárdenas estudiaba en la Escuela de Música Sacra del Seminario Teológico Presbiteriano, recibiendo la invitación de la Directora a dirigir el coro y a estrenar una pieza de su autoría en la ceremonia de graduación, decidiéndose él por la más reciente: “Oh, sálvame, Dios de amor”. Y aquí empezó la historia cincuentenaria…
   Sergio Cárdenas nació en Ciudad Victoria, Tamaulipas. En 1975 fue titulado con Mención Honorífica en Dirección Orquestal, por la Escuela Superior de Música Mozarteum (hoy Universidad de la Música), de Salzburgo, Austria. Es el único mexicano que ha ocupado la dirección titular de organismos sinfónicos de Alemania, Austria, Egipto y México. Fue director artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, de 1979 a 1984, cuando apenas tenía 27 años cariñosamente le decían Gerber von Cárdenas en clara alusión a Herbert von Karajan. Ya en 1986 fundó Sergio Cárdenas la hoy Filarmónica de Querétaro.
   Su actividad como director huésped y/o titular de orquestas le ha permitido exitosas experiencias en África, América, Asia y Europa, ante orquestas y públicos de más de 20 países y con ensambles tan reconocidos como las Filarmónicas de Munich y Stuttgart, la Staatskapelle Weimar, la Philharmonia Orchestra de Londres, así como giras internacionales al frente de orquestas de Alemania, Polonia, Lituania, Egipto y México. Como compositor musical, el catálogo de Sergio Cárdenas rebasa el centenar de obras, muchas de ellas estrenadas con éxito en Alemania, Austria, Italia, Polonia, Suiza, USA, Bélgica, Egipto y México.
   Sí. Fue en 1969 cuando se escuchó por primera vez en público una obra de este compositor mexicano nacido en Tamaulipas. Entre los intérpretes más connotados de sus obras se cuentan Sir Simon Rattle, Guadalupe Parrondo, Los 12 Violonchelistas de la Filarmónica de Berlín, la Orquesta Sinfónica Nacional de México, así como diversas orquestas, conjuntos corales y solistas de Alemania.
   Y nos cuenta Sergio Cárdenas: “En los albores de mi devenir en tanto que director sinfónico (al frente de la Sinfónica de la hoy Universidad de la Música “Mozarteum”, de Salzburgo, Austria), me llenaba de emoción el entusiasmo con el que los jóvenes integrantes de ese ensamble, que en la gran mayoría eran alemanes y/o austriacos, llegaban a nuestros ensayos para abordar obras de “sus” compositores. Tocábamos muchas obras de Mozart, el héroe local, alternando con páginas célebres de Bach, Beethoven, Schubert y Brahms. El entusiasmo de “mis” músicos era en verdad contagiante entre ellos mismos, hacia mí, y hacia el público que nutrido asistía a nuestros conciertos. Les oía decir uno al otro: “¿Te das cuenta? ¡Estamos tocando Mozart!” Y me quedaba yo con la impresión de que ese hecho, en lo aparente insignificante, constituía de igual manera una contribución a su crecimiento interior, una ampliación de su dignidad cultural, una reafirmación de la grandeza de un legado musical, legado que lo sentían muy suyo: una propiedad ciertamente intangible que los identificaba.
  “Cuando asumí la dirección artística de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, descubrí, de golpe, una suerte de carencia, quizá de dimensión escandalosa, en relación con esa que en su momento fue la más alta posición musical de México: mi conocimiento de la música sinfónica de México era casi nulo. Y eso estando justo al frente del organismo que más música mexicana tenía en su repertorio. Inicié, entonces, una travesía que me llevó de asombro en asombro al ir descubriendo un corpus musical contundente, variado, de gran riqueza, con gran expresividad y con un sello distintivo: ese corpus sonoro me descubría la grandeza de México”.
   El Festival Internacional Cervantino encargó a Cárdenas, para su edición número 34, la composición de la obra BEETHOVEN VISITA MÉXICO, para solistas vocales, solistas instrumentales, coro mixto y orquesta sinfónica, la cual fue estrenada mundialmente con enorme éxito en la ciudad de Guanajuato el 20 de octubre de 2006, bajo la conducción del compositor. En junio de 2007, Cárdenas asume la presidencia de Música de Concierto de México, S. C.
   Los estrenos mundiales más recientes de obras de su autoría han tenido lugar el 4 de marzo de 2009, en la imponente Sala de Conciertos de la Filarmónica de Berlín, Alemania, cuando Los 12 Violonchelistas de la Filarmónica de Berlín tocaron su pieza HUAPANGOS. El 12 de octubre del 2009, en el Teatro Metropolitano de Tampico, Zoltán Mácsai y la Filarmónica de Cámara de Polonia, conducidos por el compositor, estrenaron GUARDIÁN DE TU SOLEDAD, en el marco del Festival Internacional Tamaulipas. El 21 de mayo de 2010, en el Teatro Amalia del Centro Cultural Tamaulipas de Ciudad Victoria, la Orquesta Sinfónica de la Escuela Nacional de Música-UNAM, conducida por Cárdenas, tocó el estreno mundial de su obra sinfónica BOLEROS SIN PALABRAS, para los Festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana. Los 12 Violonchelistas de la Filarmónica de Berlín tuvieron a su cargo el estreno en el continente asiático de HUAPANGOS, en conciertos realizados en Corea del Sur, Japón, Taiwán y Vietnam entre el 1 y el 11 de julio de 2010. En Octubre de este mismo año Sergio Cárdenas recibió de la Sociedad de Autores y Compositores de México, el reconocimiento “Trayectoria 25 y más”.
   Sergio Cárdenas se hizo acreedor a un homenaje nacional de parte del Festival Internacional de Otoño de Matamoros, Tam., en octubre de 1996. El Festival Internacional Tamaulipas reconoció sus méritos a través del homenaje nacional que le brindó en octubre de 2003. Por su parte, el H. Congreso del Estado de Tamaulipas lo distinguió con el más alto reconocimiento que se otorga a los ciudadanos tamaulipecos, al imponerle la “Medalla Luis G. de Arellano 2007” y escribir su nombre con letras doradas en el Muro de Honor del recinto legislativo. En esta ceremonia celebrada el 23 de mayo de 2007 en el citado recinto, Sergio Cárdenas dijo:
   “… Ha sido el sentido, el rumbo de la música, de la gran música, lo que ha marcado mi vida. Referirse a la música es referirse a la suprema manifestación humana, que a través de los sonidos permite la identificación con el cosmos, manifestación cuya esencia es de índole divina y, por ende, es sublime por inaprehensible, universal por verdadera, irresistible por bella. Pero también es una fugacidad que nos brinda atisbos de eternidad, es una fragilidad poderosa, es una aventura del espíritu en los ámbitos de la abstracción, es, parafraseando a la psicoanalista francesa Julia Kristeva, “el tiempo y el espacio en el que el ‘yo’ se concede el derecho a ser extraordinario”.

Tampico, Tam; el 30 de junio de 2019.
        amparo.gberumen@gmail.com

                

                               video:    https://www.youtube.com/watch?v=HbLy3b9LthA