jueves, 11 de julio de 2024

Primera Temporada de Ópera de la Filarmónica de Querétaro (1993)

Tras haber sido recibida entusiastamente por lo queretanos (en marzo de 1992) proviniendo de su lugar de origen, la entonces FILARMÓNICA DEL BAJÍO (inició actividades el 21 de agosto de 1986, en el Teatro Juárez de la capital guanajuatense) fue "naturalizada" por el Patronato que se constituyó como soporte de la orquesta, a la que otorgó el nuevo nombre de FILARMÓNICA DE QUERÉTARO, en mayo de 1992. Apenas un año después, con el apoyo del Instituto Nacional de Bellas Artes (nos prestó las escenografías y el vestuario), se pudo presentar la Primera Temporada de Ópera, en la que descollaron brillantes solistas vocales mexicanos y dos no menos brillantes directores de escena.

La Filarmónica de Querétaro se lució por todo lo alto en esta temporada, comprobando una tremenda flexibilidad artística y una gran capacidad de aportar lo sustancial para enaltecer los tres títulos presentados.





Festival de Verano de la Sinfónica Nacional de México en Aguascalientes (1980, 1982)

 Uno de los retos que me impuse al asumir la Dirección Artística de la ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL de MÉXICO (OSN), fue el de emprender actividades de la institución fuera del ámbito del entonces Distrito Federal, buscando así darle una mayor justificación a la dimensión nacional que se implica en su nombre. En este tenor y tras gestiones que realicé de manera directa con el Gobernador Constitucional del Estado de Aguascalientes, Rodolfo Landeros Gallegos (gobernó el estado de 1980 a 1986), se pudo concretar, apenas un año después de haber asumido la titularidad de la OSN, la realización del Primer Festival de Verano de la OSN en la capital hidrocálida que, dada la avidez de la población local  de conciertos clásicos de alta calidad, resultó en un gran éxito, con nutrida asistencia a todas las actividades (didácticas, para niños, cursos magistrales, conferencias, exposiciones, etc.). En la programación sinfónica destacaron los Conciertos para Piano y Guitarra, de Manuel M. PONCE, con los brillantes solistas Guadalupe PARRONDO (piano) y Mario BELTRÁN DEL RÍO (guitarra), así como la "Sinfonía India", de C. CHÁVEZ y el "Huapango", de J. P. MONCAYO.

Allí mismo, en Aguascalientes, como resultado de esa primera edición del festival (se llevaron a cabo cuatro (4) ediciones, hasta el verano de 1983), prendió la chispa que un año después devino en el Festival de Primavera de la OSN, en la capital oaxaqueña.

Se puede observar en la programación de la Tercera Edición de este Festival, la inclusión de una de las obras más portentosas de la literatura sinfónica, "La Consagración de la Primavera", de I. STRAVINSKI, que, por cierto, tuvo una memorable exposición, conincidiendo con el centenario del natalicio del compositor.



  












martes, 9 de julio de 2024

Música mexicana en Nürnberg, Alemania (enero, 2001)

 En enero de 2001, fui invitado a presentar un concierto de música contemporánea de México en una serie de conciertos cuyo director artístico es el cornista Wilfried Krüger, en la ciudad alemana de Nürnberg. Tuve un pequeño ensamble de excelentes músicos a disposición (en su mayoría, integrantes de la Sinfónica de Nürnberg, como el propio Krüger), lo cual constituyó una garantía de la calidad musical expositora. La única condición que mencionó Krüger, es que fueran obras mexicanas de muy reciente factura.

Configuré una propuesta con obras de cinco (5) compositores: Alejandro CASTAÑOS, Rogelio SOSA, Carlos SÁNCHEZ-GUTIÉRREZ, BACA-LOBERA y de mí mismo. El concierto tuvo una magnífica recepción, incluso por parte de la crítica. De manera especial recuerdo con emoción y gratitud la excelente acogida que tuvo mi ciclo de siete (7) canciones para barítono, clarinete, viola y contrabajo, sobre otros tantos poemas de OCTAVIO PAZ, ciclo que lleva por título OIGO LATIR LA LUZ.  Destacó en esta exposición, de manera brillante, el barítono MATTHIAS VIEWEG, quien ya había tenido a su cargo el estreno mundial del ciclo un año antes en la Sala Bolívar, del Instituto Iberoamericano, de Brlín, Alemania, en el marco del Festival "El Museo como Escenario" (Schauplatzmuseum).

Sobre este ciclo, el periódico Nürnberg Nachrichten publicó la siguiente reseña/crítica:

„La sorpresa de la velada, sin embargo, fue Cárdenas mismo: como compositor. El ciclo de poemas de Octavio Paz OIGO LATIR LA LUZ, musicalizado por Cárdenas, debe ser calificado, simple y sencillamente, como sensacional. Así, más o menos, debió haber resonado en los oídos de los amigos de Schubert su VIAJE DE INVIERNO (Winterreise): algo entrañable y también increíblemente lejano. Cada canción tuvo su carácter primigenio y muy propio, perfectamente delineada, sin intentar 'hacerse simpática'. Todo es insinuado (notas que caminan descriptivamente, recuerdos de un vals, un pequeño fugato, hasta aparece un bajo en estilo jazz-combo), para, de inmediato, disimularlo. Sobre esto, la voz baritonal de Matthias Vieweg, que sin esfuerzo flota hasta en los agudos registros del falsetto: apenas se imagina uno que la poesía se pueda convertir en sonido de una manera más consistente que la que aquí se reseña.“ (Benjamín Wron, el 30 de enero de 2001, en Nürnberger Nachrichten).

Este ciclo se puede oír en:

https://www.youtube.com/watch?v=C-3QvWVTxxQ&t=1289s

Existe una grabación de la pieza de CASTAÑOS, que conduje algunos años después:

https://www.ivoox.com/sergio-cardenas-dirige-a-castanos-sintesis-audios-mp3_rf_663684_1.html


Para el programa de mano de esa fantástica velada musical, Krüger me solicitó un texto general de introducción, que aquí comparto en su versión original en alemán y en la traducción al español:

MÚSICA MEXICANA DE RECIENTE FACTURA, 

¿SIN MARIACHIS?


Por Sergio CÁRDENAS*


A menudo me sucede que cuando hablo de música mexicana en Alemania, la mayoría de mis oyentes inmediatamente piensan en los conocidos mariachis, por lo que mucha gente asocia la música mexicana, de manera automática, sólo con la música de estos grupos, una música que, por lo demás, es muy bonita. Es una pena que las expresiones musicales de las (otras) diferentes regiones de México sean poco o nada conocidas. Sobre todo, creo que es una pena que no hayamos descifrado (al menos todavía) la notación musical de los aztecas o de las otras grandes culturas prehispánicas de México, si es que tal notación existió.


Según las crónicas de los reporteros de las propias filas de estas culturas o de las filas de los españoles, esa música debió haber sido una música poderosa, emocionante y al mismo tiempo conmovedora, aunque algunos oídos europeos la consideraran simplemente ruido. Pero cuando veo el legado de los aztecas en términos de instrumentos musicales y al mismo tiempo observo la magnífica arquitectura de sus ciudades y leo los maravillosos poemas que nos han legado, me parece aún más lamentable que aún no hayamos descubierto cómo sonaba esa música.


La historia musical de México registra una interesante evolución en el campo de la composición: muy pocos años después de la Conquista, los nativos,  formados por los misioneros españoles,  ya sabían componer piezas musicales que al mismo tiempo estaban de moda en Europa: música policoral al estilo de los hermanos Gabrielli, de Venecia, por ejemplo. Durante los casi 300 años de dominio español en México, la música religiosa experimentó un desarrollo más significativo y, por lo tanto, también demostró ser “funcional”: la Conquista también se transmitió a través del Evangelio. Las crónicas de esta época dan cuenta de las pomposas celebraciones del clero católico, destacando las de las grandes catedrales de la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Morelia, Durango y Zacatecas, por citar las más importantes de la época: el evangelio europeo era servido con música de manera suntuosa:  se contaba con sendas orquestas, coros y órganos. Y por supuesto, los talentosos compositores mexicanos y los importados de España aprovecharon estas excelentes oportunidades.


Sin embargo, en el siglo XIX, cuando el país se vio envuelto en muchos conflictos internos debido a su proceso de  independencia de España, el desarrollo de la composición musical se estancó un poco. Algunos de los compositores lograron llegar a Europa en la segunda mitad del siglo para continuar aquí su educación. Se prefirió a Francia porque fue el país que inspiró a México su independencia.


 Fue sólo con Manuel María Ponce (1882-1948), quien estudió en Berlín a principios del siglo XX con Martin Krause, el último alumno de Liszt, que se produjo un giro hacia adentro en la música mexicana. Lo que prevaleció sobre todo en el arte mexicano a principios del siglo XX, fue la búsqueda  por la propia identidad. Ponce fue probablemente el primer compositor mexicano que se atrevió a incorporar elementos folklorísticos en sus recitales de piano, pero también en sus propias piezas musicales. Con él se inició en el siglo XX el llamado período nacional de nuestra música. Hubo asimismo un movimiento que se ha propuso reconstruir la música de la época prehispánica; para algunos, este intento fue un primer paso hacia la "composición con fines turísticos". Pronto siguieron otros movimientos en esta dirección. Con gran apoyo del gobierno nació una música “nacional”, especialmente el huapango, también llamado son, muy preferido por los mariachis. Para varios musicólogos, este género es la “encarnación del México musical” por excelencia.


Pero desde hace casi 100 años ha habido compositores en mi país que son apasionadamente mexicanos pero que también componen “de manera diferente”, en su mayoría sin usar sonidos de mariachi. Aquí puedo, por ejemplo, mencionar a Julián Carrillo, el gran descubridor, al mismo tiempo que Aloys Haba en Europa, de la música microtonal.  O, para mí, el compositor más importante de México en los primeros 50 años del siglo XX, Silvestre Revueltas, en cuya música, como me comentó alguna vez Sergiu Celibidache, “toda el alma de México se puede escuchar desde lo más profundo de la tierra" en su música.  Entre sus obras maestras más importantes nombraría los cuatro cuartetos de cuerda y el poema sinfónico “Sensemayá”.


Manuel Enríquez (1926-1994) es el sucesor directo de Revueltas. Sus obras han sido presentadas en los más destacados festivales de música contemporánea; entre ellos,  el conocido Festival de Darmstadt, el Festival de Otoño de Varsovia, pero también, por ejemplo, las Semanas de Festivales de Berlín.

  El concierto de esta noche contará con obras compuestas recientemente. Nosotros, los cinco compositores mexicanos cuyas obras se interpretan hoy, somos todos mexicanos apasionados y, sin embargo, el elemento folclórico rara vez aparece en nuestras obras a menos que sea especificamente solicitado.  Todos reconocemos la riqueza de la música de nuestro pueblo, pero opinamos que no queremos ni consideramos necesario definirnos en lo musical de manera étnica o enfatizar con ello nuestros orígenes, especialmente cuando consideramos que la música folclórica actual es promocionada más por razones turísticas o exóticas, pero rara vez como una expresión profunda de un pueblo que canta y baila por sí mismo.

   En mi opinión, las obras que se representarán esta noche se caracterizan por su consumada elaboración, pero también por la expresividad que reside en ellas. Son obras que quieren ser habitadas porque juegan con la memoria y las capacidades perceptivas del oyente. Pero también porque dan a los artistas intérpretes mucho espacio creativo libre al fomentar la improvisación, características todas que también se dan en la música folclórica.


Me atreví a ponerle a la velada el título Macuilli Mexica. Esto significa en lengua azteca, cinco mexicanos. Tal vez debería nombrar la velada Macuilli Cuicano Mexica, que significa cinco compositores mexicanos. Cuicano es el nombre que se utiliza para los compositores en lengua azteca, náhuatl. El cuicano debía componer cada vez música nueva para los distintos festivales y celebraciones.

   Nosotros, los cinco compositores de esta velada, ya no somos aztecas: componemos, entre otras cosas, porque también celebramos nuestra existencia mexicana, una existencia con raíces profundas y con la vista puesta en el futuro; ya no buscamos una identidad sino que nos esforzamos por crear nuevas entidades en la música. 


Como escribió tan bellamente el gran poeta azteca Nezahualcóyotl: ¡Por fin mi corazón lo ha entendido: oigo una canción, miro una flor: ¡que nunca se marchiten!


*Premio Nacional de Artes y Literatura -Bellas Artes- 2021




Mexikanische Musik aus der jüngsten Zeit,

      doch ohne Mariachis?

      von   Sergio Cárdenas

 

 

   Es geschieht mir des öfteren daß wenn ich in Deutschland von mexikanische Musik spreche, die meisten  meinen Zuhörern  sofort an die bekannten Mariachi-Kapellen denken.. Somit  assozieren viele automatisch die mexikanische Musik einzig und allein mit der Musik diesen Kapellen, eine Musik die, zweifelsohne, auch sehr schön ist. Es ist nur Schade daß die musikalische Ausdrücke aus den verschiedenen Regionen Mexikos nur wenig oder gar nicht bekannt sind. Vor allem finde es aber  Schade daß wir nicht (noch nicht, auf jedem Fall) die Musik-Notation der Azteken oder der anderen großen prä-hispanischen Kulturen Mexikos entziffert haben, sollte es einer solchen Notation gegeben haben. 

    Den Chroniken von den Berichtstattern aus der eigenen Reihen dieser Kulturen oder aus der Reihen der Spanier zufolge, muß diese eine gewaltige, packende und zugleich rührende Musik gewesen sein, wenn auch manche europäische Ohren sie einfach als Lärm betrachteten. Aber wenn ich  das Vermächtnis der azteken in puncto Musikinstrumenten sehe und zur gleichen Zeit die grandiose Architektur ihren Städten betrachte und die herrliche Gedichte die überliefert worden sind lese,  um so mehr finde ich  Schade daß wir nicht wirklich erfahren können wie diese Musik wohl geklungen hat.

   Die Musikgeschichte Mexikos registriert eine interessante Entwicklung im Bereich des Komponieren: sehr wenige Jahre nach der Conquista waren die von den Missionaren ausgebildeten Indios bereits in der Lage, Musikstücke zu komponieren sowie zur gleichen Zeit sie in Europa Mode waren: Mehrchörige Musik à la Brüder Gabrielli, aus Venedig, zum Beispiel. Während die fast 300 jährige spanische Herrschaft in Mexiko hat die kirchliche Musik eine bedeutendere Entwicklung erlebt und dadurch sich auch „dienstlich“ erwiesen: die Conquista wurde auch durch das Evangelium durchgezogen. Chroniken aus dieser Zeit berichten über die pompöse Feierlichkeiten der Kirche, besonders die jennigen der großen Katedralen von Mexiko-Stadt, Puebla, Oaxaca, Morelia, Durango und Zacatecas, um die damals wichtige zu nennen: das europäische Evangelium wurde mit prächtige Musik serviert: ganze Orchestern, Chöre und Orgeln stunden da zur Verfügung. Und selbstverständlich nützten die talentierte mexikanische Komponisten und die andere die aus Spanien importiert wurden, diese hervorrangende Möglichkeiten  aus.

   Im 19. Jahrhundert aber, da das Land auf Grund ihre errungene Unabhängigkeit von Spanien in vielen inneren Konflikte geraten ist, ist diese Entwicklung der Komponisten ein wenig zu einem stillstand gekommen. Einigen der Komponisten ist gelungen, im zweiten Hälfte des Jahrhunderts, nach Europa zu kommen um sich hier weiter bilden zu lassen. Bevorzugt war Frankreich weil es das Land war das die mexikanische Unabhängigkeit

Bewegung inspiriert hatte. Erst mit Manuel María Ponce (1882-1948), der am Anfang des 20. Jahrhunderts in Berlin bei Martin Krause, der letzte Schüler Liszts, studiert hatte, hat die Wendung nach innen in der mexikanischen Musik gegeben: was vorallem herrschte in der mexikanischen Kunst am Anfang des 20. Jahrhunderts ware ein großes Verlangen nach der eigenen Identität. Ponce ist sehr wahrscheinlich der erste  Komponist Mexikos gewesen der es wagte, flokloristisches in seinen Klavierabenden einzubauen, aber auch in seinen eigenen Musikstücken. Mit ihm begann die sogennante nationalische Periode unserer Musik im 20.Jahrhundert. Darunter ist auch eine Bewegung zu finden die es sich als Ziel gesetzt hat, die Musik aus der prähispanischen Zeiten zu rekonstruiren: für vielen war dieser Versuch ein erster Schritt in Richtung "Komponieren für Turistische Zwecke“. Bald folgten die anderen Bewegungen auch in diese Richtung  und, mit großer Unterstützung der Regierung, eine „nationale“ Musik wurde geboren. Durchgesetzt hat sich vorallem der Huapango, auch Son gennante, Musikgattung, die eben von den Mariachi-Kapellen sehr bevorzugt wird. Für mehrere Musikwissenschaftlern ist diese Gattung die „verkörperung“ des musikalischen Mexikos schlechthin

   Aber auch seit fast 100 Jahren gibt es in meinem Land Komponisten die leidenschaftlicher Mexikaner sind aber auch „anders“ komponieren, meistens ohne Mariachi-Klänge zu verwenden. Hier kann ich, z. Bspl., Julián Carrillo erwähnen, der große Entdecker, zur gleichen Zeit wie in Europa Aloys Haba, der Viertel- und/oder Achtelton-Musik. Oder der für mich wichtigste Komponist Mexikos in den ersten 50 Jahren des Jahrhunderts, Silvestre Revueltas,  in dessen Musik, wie Sergiu Celibidache mir einmal sagte, „die ganze Seele Mexikos aus dem Erdeninneren zu hören ist“. Unter die wichtigsten seiner Meisterwerke würde ich die vier Streichquartetten und die symphonische Dichtung Sensemayá, nennen.

   Manuel Enríquez (1926-1994) ist der direkter Nachfolger Revueltas. Seine Werke sind bei den herausragenden Festspielen zeitgenössicher Musik gespielt worden; darunter sind die bekannte Darmstädter Festspiele, der Warschauer Herbst,  aber auch, zum Beispiel, die Berliner Festwochen.

  Im Konzert von heute Abend werden Werke zu hören sein die jüngst komponiert worden sind. Wir, die fünf mexikanische Komponisten deren Werke heute erklingen, sind alle leidenschaftliche Mexikanern und dennoch, selten kommt das folkloristische in unseren Werken vor, es sei denn es wurde ausdrucklich verlangt.  Wir alle bekennen die Reichtum der Musiken unseres Volkes, aber  wir sind der Meinung daß wir es nicht wollen und auch es nicht für nötig halten, uns ethnisch musikalisch zu definieren oder dadurch unsere Herkunft zu betonen, insbesondere wenn man heute die folkloristische Musik mehr aus turistischen oder exotischen Gründen fördert, aber selten als tiefsinnige Ausdruck eines Volkes, das für sich selbst singt und tanzt.

   Meiner Meinung nach sind die Werke die heute Abend erklingen werden  durch ihre Vollendung charakterisiert, aber auch durch die Aussagekraft die in ihnen wohnt. Es sind Werke die, sozusagen, bewohnt werden möchten weil sie mit dem Gedächtnis und mit den Wahrnemungs Fähigkeiten der Zuhörer spielen. Aber auch weil sie viel  freier Schaffensraum den ausführenden Künstlern geben in dem sie das Improvisieren fördern, alle diese Charakteristika die auch bei den folkloristischen Musiken vorkommen.

   Ich habe es gewagt den Abend der Titel Macuilli Mexica zu verleihen. Dies bedeutet in der Sprache der Azteken, fünf mexikaner. Vielleicht sollte ich den Abend eher Macuilli Cuicano Mexica, das fünf mexikanische Komponisten bedeutet. Cuicano ist der Name der in der aztekischen Sprache, náhuatl, für Komponisten verwendet wurde. Der Cuicano sollte jedesmal für die verschiedene Festen und Feierlichkeiten neue Musik  komponieren.

   Wir, die fünf Komponisten des heutigen Abends, sind keine Azteken mehr: wir komponieren, unter anderem, weil wir auch unser mexikanisches Dasein zelebrieren, ein Dasein mit tiefen Wurzeln und mit einem Blick in die Zukunft; nichts mehr nach einer Identität suchend aber mit der Bestrebung, in die Musik neue Entitäten zu schaffen. 


Wie der große aztekische Dichter Nezahualcóyotl  so schön dichtete: Endlich hat es mein Herz begriffen: ich höre ein Gesang, ich betrachte eine Blume : mögen sie niemals welken!

 

Nürnberg, Deutschland, Januar, 2021.


 Der Autor ist Dirigent und Komponist mexikanischer  Herkunft.