lunes, 28 de abril de 2014

Para el mensuario DE LARGO ALIENTO


Respuestas a entrevista de SERGIO RAÚL LÓPEZ
para el mensuario
DE LARGO ALIENTO,
reproducidas parcialmente en la edición correspondiente al mes de
abril, 2014.


–¿De qué se habla cuando se habla de cultura? Por un lado encuentro una forma absolutamente elitista de considerar a la creación artística, preferentemente de genealogía centroeuropea, y por la otra, una tendencia a programar lo masivo, lo mediático, lo televisivo, para granjearse al gran público. ¿Entre estos dos extremos y en la actualidad, cómo ha depurado su definición de lo cultural y de lo artístico?

Ninguna creación artística tiene, de origen, propósito alguno elitista. Si bien es cierto que en no pocas ocasiones se ha abusado del poder seductor y comunicativo del arte, no es el elitismo lo que constituye una de sus características sociales. En los albores del Siglo XX, Rilke planteó en su soneto “Torso Arcaico de Apolo”, la esencia de la manifestación artística: no es tanto el que uno como espectador o receptor del arte asuma una pasividad total ante su encuentro, sino que en el proceso mismo de contemplarlo (visual, sensual o auditivamente), es el arte el que nos observa, el que nos mira y nos arenga: “Debes cambiar tu vida”.
Apunta Rilke a una de las cualidades esenciales de lo artístico: su transformante poder comunicativo, que impacta por fuerza de su belleza, de su congruencia interna, de la economía de sus medios expresivos, de la intensidad con la que enuncia su contenido.
Nada de esto puede ser, en sí mismo, elitista. Cierto es que con no poca frecuencia la desinformación, el desconocimiento, la indolencia e incluso la manipulación educativa, abonan a la dificultad de apreciar lo artístico y de hacerlo de manera gozosa, desprejuiciada, abierta. Se agrega a ello la imposición que llevan a cabo supuestas “autoridades” culturales que ni siquiera han entendido la encomienda que tienen en tanto que responsables del quehacer artístico y cultural, pues se escudan en el “rating” barato e irresponsable que abona a la distracción y el entretenimiento ante el pavor de que el individuo pueda “salirse de su control” al crecer interiormente y, por ende, cambiar su vida tras la vivencia artística. Con demasiada frecuencia he escuchado peticiones de alcaldes, directivos de festivales y similares, insistiendo en que los conciertos que les ofrezca incluyan sólo “obras facilitas”, de esas que “la gente puede comprender”: con peticiones de este talante, esos idiotas no sólo proyectan su mediocridad sino que intentan a la vez imponerla a sus comunidades. Mozart seduce en cualquier parte del mundo no porque sea parte de un arma  del imperialismo cultural centroeuropeo, sino por la tremenda honestidad humanista con la que su música hermosa y cautivadora nos escudriña, con la que hurga en nuestras entrañas emocionales, con la que nos brinda un atisbo de paradisíaca eternidad.
Las artes, que son la sustancia misma de lo cultural, son verdaderas armas para la vida. No es fortuito el hecho de que la raíz etimológica de “arte” sea la misma que de “arma”: ya los antiguos romanos introdujeron ese concepto en el que el arte, por lo ya mencionado, se yergue como arma interior, emocional, creativa, energética para continuar avanzando en el devenir cotidiano hasta que uno se confirme como ser humano pleno, sensible, responsable, generoso y solidario.


–En un medio con un cuarto de siglo de artistas subvencionados lo mismo con becas de creadores que con coinversiones e incluso con la participación de dineros del Estado o de fundaciones de la iniciativa privada se vuelve necesario deslindar los terrenos del arte de los del ejercicio del presupuesto en la sociedad contemporánea. ¿Es la subvención una forma de validación? ¿En una sociedad consumista se va acabando el valor estético de los objetos y las ideas, y se va sustituyendo por las formas prácticas de reconocimiento por parte del mercado, delstablishment y de la burocracia especializada?

El Estado tiene como  encomiendas principales, la tarea de velar por el desarrollo integral de la sociedad en un contexto de seguridad y paz. La sociedad es corresponsable de este quehacer. En este contexto, el Estado debe incidir ahí donde se han generado desbalances que atenten contra el desarrollo integral de la sociedad. Por razones de irresponsabilidad, ignorancia, insensibilidad, y otras “linduras”, algunos seudoeconomistas apoyan propuestas para que los gobiernos se desentiendan cada vez más de sus responsabilidades para con lo artístico y lo cultural, más con lo primero que con lo segundo. Argumentan: “quien quiera arte, que lo pague de su bolsa”. Es, desde luego, un seudoargumento, pues todos pagamos impuestos, de manera directa o indirecta, de donde incluso salen los emolumentos para esos mismo “funcionarios”.  Nada hay de error en el cumplimiento de las encomiendas del Estado cuando se aboca a apoyar la creatividad artística. Sí la hay cuando ese apoyo es sólo una máscara y un chantaje (que compra las conciencias de los artistas) que se agota en la creación que no cierra el círculo de la comunicación. De similar manera considero una aplicación equivocada de la encomienda del Estado cuando exige al artista que su creación se ajuste  a tal o cual criterio dizque estético o incluso político, por fuerza del populismo político. El Papa Julio II establece el concepto del artista-autor cuando obliga a Michelangelo a pintar las paredes de la Capilla Sixtina; lo eligió porque quería al mejor artista de su época para llevar a cabo tan monumental tarea. Pero en ningún momento impuso a Michelangelo criterio estético o teológico alguno: respetó la entereza y autonomía artística de ese gigante cuya aportación en la Capilla Sixtina continúa vigente con fuerza y arrobamiento.


–En una sociedad mediatizada y absolutamente inmersa en los medios masivos, qué papel –metafórico y físico– ocupan los medios impresos de comunicación especializados en cultura y qué importancia mantienen en el seno de la sociedades occidentales. Especialmente en un tiempo como este, en el que se predice un futuro más corto a los periódicos que a las tarjetas de presentación y a los calendarios sobre papel?

El 30 de octubre de 1853, el compositor musical alemán Robert Schumann (1810-1856) publicó en la revista “Neue Zeitschrift für Musik” (fundada por él mismo en 1834) su crítica-artículo musical titulado “Neue Bahnen” (Nuevos Senderos); ahí, Schumann describía su afortunado encuentro con el joven veinteañero Johannes Brahms (1833-1897) y lo lanzaba al estrellato europeo con la crítica elogiosa que reconocía el enorme talento creativo de ese joven pianista-compositor nacido en Hamburgo (Alemania).
En el otoño de 1982, estando yo en la ciudad rusa de Novosibirsk, donde dirigí un concierto con la sinfónica local, el solista de la velada (Vladimir Feltsman, pianista), me contó la siguiente historia: había estado en fechas recientes en París, donde consiguió un recital en la legendaria Sala Pleyel. A la presentación de Feltsman en París se oponía cierto grupo de pianistas que veían amenazada su carrera con la presencia de Feltsman. Éste se enteró, justo antes de salir al escenario para brindar su concierto, que el crítico de un conocido periódico parisino escribiría una crítica demoledora de su concierto, a raíz de lo cual él, Feltsman, decidió a última hora cambiar el programa tocando un repertorio diferente al impreso en los programas de mano, que él mismo iba anunciando. A los dos días apareció la crítica demoledora sobre un concierto que no se había tocado.
En 1985, Sergiu Celibidache dirigió el concierto inaugural de la nueva sala de conciertos Gasteig, de Munich, Alemania. La Sinfonía No. 5, de Anton Bruckner, fue expuesta en esa ocasión por Celibidache y la maravillosa Filarmónica de Munich, con excelsitud sublime y, yo agregaría, levitante. A los dos días, quien era conocido como “el Papa de la crítica musical” de Munich,  tituló su libelo sobre esa exposición musical: “Celibidache, campeón mundial del aburrimiento”.
En los tres casos aquí referidos, lo publicado en los medios impresos generó una tremenda, muy activa respuesta de los amantes de la música y los lectores de esos medios, generando debates apasionados que enriquecieron la experiencia en quienes la vivieron y despertaron el interés en quienes no tuvieron tal oportunidad.
Los medios impresos, cuenten o no con personal capacitado para el ejercicio de la critica artística, tienen un papel histórico y reflexivo muy importante en el devenir de la sociedad, pues no sólo se afirman como documentos para el análisis histórico sino que, en lo inmediato, generan debate que a su vez culmina en posturas ante lo que se presenta en público. +++

Ciudad de México; el 7 de febrero, 2014.

No hay comentarios:

Publicar un comentario