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lunes, 21 de marzo de 2011

En el aniversario del nacimiento de J. S. BACH



La tumba de J. S. BACH en la iglesia de Sto. Tomás, de Leipzig, Alemania.







DYMA EZBAN*

Johann Sebastian Bach

A Eduardo Lizalde

A un Ángel detenido en los tiempos
entre 1685 y 1750
le llamaron Johann Sebastian Bach
para distinguirlo de la plegaria y el amor.

Su madre
con la imagen de Cristo en su pecho,
siempre llevaba al pequeño Bach
en sus brazos,
apretándolo a su corazón,
mirando el día del mundo.

Y creció
imaginando un Cristo creador de oratorios,
cantatas,
misas,
hermandad y perdón.

Le enseñaron que la caridad no salva,
que la penitencia no salva,
que sólo Cristo es la vida
en la Fe y la senda del justo;
que vivir en Cristo
no es imitar su vida sino su muerte,
y quien vive el dolor de la Cruz
no puede pecar,
maldecir,
herir.

Y Bach contempló
a un Cristo perpetuo en el dolor de la Cruz,
detenido en su ascensión a los cielos.

Porque el hombre
tiene muchos dioses
en su pequeña historia de ser,
y hace alabanzas al cordero de oro
y a la imagen de la vanidad,
y baila entre enfermedades y ruinas.


Por ello
aún hay dolor en Cristo,
aún hay dolor en todos los cielos
y en el mismo dolor. Amor.

Ahora
la música de Bach
puede imitar la muerte de Cristo,
la gloria en lo divino
y descender a Cristo del mundo,
porque sólo en su muerte hay Resurrección,
súplica en la plegaria
y reconciliación en el amor.

¡Oh Señor Jesucristo, así sea!



* poeta guanajuatense (León, Gto., México, *1959).