miércoles, 27 de marzo de 2019

Mi "romance" con la Pasión San Juan (BACH)



Unas "pruebas" de mi "romance" con la Pasión de n.s.j. según San Juan (BACH).
El 10 de noviembre de 1971 la canté como integrante del Westminster Symphonic Choir, en el Avery Fischer Hall, con la Filarmónica de New York, en la traducción al inglés editada por Benjamin Britten. El concierto conducido por Meredith Davies, fue patrocinado por la Sociedad Bíblica Americana, de New York.






Once años después, tras una presentación en el Palacio de Bellas Artes (CdMx), la presenté en el Segundo Festival de Primavera Oaxaca 1983, con la Orquesta Sinfónica Nacional.

Cuatro años más tarde, en 1987, con la entonces Filarmónica del Bajío (hoy: Filarmónica de Querétaro).





En 1992, ya instalado en Querétaro, conduje de nuevo la obra; José Antonio Alcaraz publicó en PROCESO la crítica/reseña que aquí se anexa. 

Como se puede notar, el espléndido Coro Convivium Musicum, dirigido por Érika Kubacsek, tuvo un papel protagónico en estas presentaciones.

Ahora, el Proyecto actual  "Pasión San Juan" me permite regresar de nuevo a esta obra tan poderosa, tan audaz, tan humana, en colaboración con el espléndido Coro CÁNTICUM NOVUM (Dir: Nahum Aquino) y la magnífica orquesta de cámara CONSORTIUM SONORUS. Pronto daremos a conocer más detalles.


 




lunes, 25 de marzo de 2019

La Sinfónica Nacional de México en Oaxaca, 1983

Comparto páginas del Programa General de lo que fue el inolvidable Segundo Festival de Primavera, Oaxaca 1983, de la Orquesta Sinfónica Nacional de México. Nos damos, con ello, una idea del altísimo nivel alcanzado y de la enorme oferta cualitativa que se ofreció al sensible, agradecido y hermoso pueblo de Oaxaca. No omito referirme, con agradecimiento invariable,  al decidido y visionario apoyo que recibimos del Gobernador del Estado, don Pedro Vásquez Colmenares y de su Secretario de Finanzas, don Emilio García.  En el Concierto Inaugural de esta edición del Festival, se contó con la presencia del C. Presidente de la República, Lic. Miguel de la Madrid Hurtado.

En la edición 1983 de ese Festival, tuvimos el honor de presentar una exposición individual del talentoso Gustavo Aceves González (*1957), quien hoy es un referente internacional de las artes visuales de México. Su exposición en la Casa de la Cultura de la Ciudad de Oaxaca, fue vendida en su totalidad casi desde el día de la inauguración, a cargo del C. Gobernador.











sábado, 23 de marzo de 2019

El agua sucia de la música...


     

Extracto de la novela LA IGNORANCIA, de Milan KUNDERA. Maxi Tusquets, 2018, pag. 146 a 149.

“En 1921, Arnold Schönberg proclama que, gracias a él, la música alemana seguirá siendo dueña del mundo durante los próximos cien años. Quince años después se ve obligado a abandonar Alemania. Después de la guerra, ya en Estados Unidos y cubierto de honores, sigue convencido de que la gloria jamás abandonará su obra. Reprocha a Igor Stravinsky pensar demasiado en sus contemporáneos y descuidar el dictamen del porvenir. Considera a la posteridad su aliado más seguro. En una carta mordaz dirigida a Thomas Mann ¡apela a la época en la que “después de doscientos o trescientos años” al fin se sabría cuál de los dos, Mann o él, era el más grande.  Murió en 1951.
   En los decenios siguientes su obra fue celebrada como la más grande del siglo, venerada por los más brillantes compositores jóvenes que se declaraban sus discípulos; pero, más delante, se aleja tanto de las salas de concierto como de la memoria. ¿Quién sigue interpretándolo hacia finales del Siglo XX? ¿Quién lo cita? No, no quiero burlarme tontamente de su prepotencia y decir que se sobreestimaba. ¡Mil veces no! Schönberg no se sobreestimaba. Sobreestimaba el porvenir.
   ¿Había cometido acaso un error de reflexión? No. Pensaba bien, pero vivía en esferas demasiado elevadas. Debatía con los más grandes de Alemania, con Bach, con Goethe, con Brahms, con Mahler, pero, por inteligentes que sean, los debates sostenidos en las altas esferas del espíritu son siempre miopes con respecto a lo que, sin razón ni lógica, ocurre abajo: ya pueden luchar a muerte dos grandes ejércitos por causas sagradas, siempre será una minúscula bacteria pestífera la que acabará con los dos.
   Schönberg era consciente de la existencia de esa bacteria. Ya en 1930 escribía: “La radio es un enemigo, un despiadado enemigo que avanza irresistiblemente y contra la que toda resistencia es vana”; la radio, “sin sentido alguno de la medida, nos atiborra de música (…), sin preguntarse si queremos escucharla, si tenemos la posibilidad de percibirla”, de tal manera que la música pasa a ser un simple ruido, un ruido entre otros ruidos.
   La radio fue el pequeño arroyo en el que todo empezó. Llegaron después otros medios técnicos para reproducir, multiplicar, aumentar el sonido, y el arroyo se convirtió en un inmenso río. Si antaño se escuchaba música por amor a la música, hoy aúlla constantemente por todas partes “sin preguntarse si queremos escucharla”, aúlla por altavoces en los coches, en los restaurantes, en los ascensores, en las salas de espera, en los gimnasios, en las orejas taponadas por los walkman; música reescrita, reinstrumentada, acortada, desgajada, fragmentos de rock, de jazz, de ópera, flujo en que todo se entremezcla sin que se sepa quién es el compositor (la música convertida en ruido es anónima), sin que se distinga el principio del fin (la música convertida en ruido no sabe de formas): el agua sucia de la música en la que muere la música.
   Schönberg conocía, pues, la bacteria, era consciente del peligro, pero en el fondo no le prestaba atención. Como ya he dicho, vivía en las más altas esferas del espíritu, y el orgullo le impedía tomar en serio un enemigo tan pequeño, tan vulgar, tan repugnante, tan despreciable. El único gran adversario digno de él, el sublime rival, contra quien combatía con brío y severidad, era Igor Stravinski. De tal manera que acabó luchando contra su propia música para ganarse los favores del porvenir.
   Pero el porvenir se convirtió en un inmenso río, el diluvio de las notas en el que flotaban, entre hojas muertas y ramas arrancadas, los cadáveres de los compositores. Un día el cuerpo muerto de Schönberg, a merced del trasiego de las olas embravecidas, chocó contra el de Stravinski, y los dos, en una reconciliación tardía y culpable, siguieron su vieja hacia la nada (hacia la nada de la música, que es el estrépito absoluto).”


         
Schönberg, por Man Ray.

Publicación en EL PAÍS, 14 de septiembre de 2024.

150 años de Arnold Schönberg, el compositor que no escribía para imbéciles

La editorial Acantilado conmemora el aniversario del músico austriaco con la edición española de su breve ‘Diario de Berlín’ y el homenaje que le dedicó su discípulo Josef Rufer
“Una especie de Chaikovski mejorado. ¡No pido más, por amor de Dios! Que vean en mí a un compositor que ha sido capaz de mejorar la música, eso es todo. Y luego, si es posible, que se conozcan mis melodías y que la gente las silbe”. Eran las aspiraciones de Arnold Schönberg (Viena, 1874-Los Ángeles, 1951) confesadas en una carta de 1947. El compositor austriaco, que vivía exiliado en Estados Unidos desde 1933, terminó harto del sambenito de moderno, disonante y experimentador.
Recuerda esta carta su discípulo Josef Rufer (1893-1985), dentro del ensayo titulado Homenaje a Schönberg, que Acantilado acaba de publicar junto al Diario de Berlín del compositor para conmemorar su 150º aniversario, que celebramos hoy. Y le añade una sabrosa anotación, de la misma época, que había encontrado entre sus papeles: “Yo no escribo para imbéciles. Un compositor que compone para el público no piensa en la música”. ***
Por Pablo L. Rodríguez

martes, 26 de febrero de 2019

Tercer Aniversario de CONSORTIUM SONORUS



       

















                                           Podrán cortar las flores, pero no podrán detener la primavera (Neruda).
                                                                Hermoso óleo de la autoría de PÍA, 
                                                  dedicado a CONSORTIUM SONORUS. ! Gracias, Pía!

lunes, 18 de febrero de 2019

De cuando estudié en Princeton, NJ, USA



Inicié mis estudios musicales en el Departamento de Música Sacra, del Seminario Teológico Presbiteriano de México (STPM), en el otoño de 1966. El Director de ese Departamento, el Prof. Óscar Rodríguez, había estudiado en el célebre Westminster Choir College (WCC), de Princeton, NJ (USA). Con frecuencia, el Prof. Rodríguez nos compartía sus vivencias en esa institución de excelencia dedicada al trabajo coral. Destacaban en esas vivencias las menciones del entonces Director Artístico de la legendaria Philadelphia Orchestra, el húngaro Eugene ORMANDY.

Con el decidido apoyo de profesores del STPM, conseguí una beca para continuar mis estudios en el WCC, donde fui recibido con afecto por autoridades y profesores tras conocer que yo había sido estudiante del Prof. Rodríguez, a quien tenían en muy alta estima.

En el WCC, de inmediato me inscribí en su Coro Sinfónico. Fue tremendamente emocionante el que, tras apenas unas semanas de haber ingresado a Westminster, nuestro Coro Sinfónico estuviera en el Academy Hall, de Philadelphia, cantando con la conducción del propio Ormandy y su Philadelphia Orchestra exponiendo, con nosotros, la Misa "Nelson" (Haydn) y el hermoso "Gloria" (Poulenc).
A esa primera impresión, inolvidable, de cantar con orquestas y directores del más alto rango, siguieron muchas más, todas de incalculable valor para mí y cada una más cautivadora y tonificante que la inmediata anterior.

El haber estudiado en Princeton, donde obtuve mi Bachelor of Music (cum laude, en 1972) y mi Master of Music (Choral Conducting, 1973), me brindó oportunidades de crecimiento musical que no habría tenido en ninguna otra parte del planeta. 


Entre septiembre de 1970 y mayo de 1973, estuve en Princeton, NJ, USA, estudiando en el prestigiado WESTMINSTER CHOIR COLLEGE (WCC), una de las mejores instituciones de educación superior en el terreno de la música coral. En el caso de WCC, se trata, asimismo, de una gran institución para la formación de organistas: contaba, entonces, con 36 órganos tubulares de 2 manuales y 2 de tres manuales. Dada la característica coral de la institución, todos los estudiantes teníamos que participar en, al menos, uno de los distintos ensambles corales, ensambles de los cuales el famoso WESTMINSTER CHOIR era el más representativo. En el año académico 1971-1972, fui integrante de este magnífico coro, con el que emprendimos varias giras nacionales en los USA y un mes como Coro Residente del Festival de Spoletto, en Italia. Recuerdo la exitosa gira conducida por Roger Wagner, así como el inolvidable mes en Spoletto, desde donde pude trasladarme a conocer Roma, Florencia y Venecia. 









                                 Las orquestas con las que cantamos ese repertorio, fueron:
                                                      New York Philharmonic
                                                      Philadelphia Orchestra
                                                      Pittsburgh Symphony
                                                      American Symphony
                                                       National Symphony (Washington)

En la foto que aquí comparto (collage de la autoría de PÍA), se recogen tomas de los ensayos dirigidos por Eugene Ormandy en la Bristol Chapel, de WCC, y una foto con el Dr. Ray Robinson, a la sazón Presidente del Colegio, el día de mi graduación de Bachelor of Music, en 1972.








jueves, 7 de febrero de 2019

Logo personal

Comparto varias versiones de mi logo personal. Constituyen un bonito logro de diseño de Atzín ARANDA. Y, además, constituyen un hermoso regalo que me ha hecho la Mtra. Guadalupe PARRONDO.
¡Felicidades, Atzín, muchas gracias Mtra. Parrondo!