domingo, 10 de noviembre de 2019

"¡Compón bonito!"




¿Qué es eso de “¡Compón bonito!” ?
por Sergio Cárdenas*

                                                                                            Al Mtro. Francisco Viesca, con gratitud.

   Debe de haber sido hacia 1976 o quizá 1977, cuando tuve la oportunidad de estrenar una obra musical de mi autoría en Salzburgo. Ha sido la única que se ha expuesto ahí.  La sede de Salzburgo de la Radio Austriaca (ORF-Salzburg), organizó en su Estudio un concierto con estudiantes de composición de la entonces Escuela Superior de Música “Mozarteum”. Mi maestro, Gerhard Wimberger, me recomendó y autorizó a que participara con mi “Salmo 23”, ciclo de cuatro canciones religiosas sobre el conocido texto bíblico, que yo había compuesto en 1975 para soprano y piano durante mis estudios con él.

   El ciclo constituyó casi la única vez que recurrí a la técnica dodecafónica de composición, no en el sentido estricto o expresionista de Schönberg, sino un poco más lírico o libre como en Alban Berg. El ciclo, en su dodecafonismo, incluye secciones aleatorias y semialeatorias, así como algunos guiños al recitativo y al dramatismo vocal.

   No me preocupé, entonces, de conservar un registro fonomecánico del ciclo, pero recuerdo que fue bien recibido, aunque hoy confieso que ya olvidé los nombres de quienes lo expusieron y ni siquiera conservo un ejemplar del programa de mano.

   Pero de manera especial recuerdo vividamente que al término del concierto, mi maestro Wimberger, tras felicitarme, me comentó: “ Siga usted por ese camino: sólo componer bonito.” Vaya que si bien me halagó el comentario, también me sorprendió y me llevó a reflexionar sobre el concepto de lo "bonito” en música. El ciclo, por fuerza de esa autoimposición del dodecafonismo, está lleno de disonancias, incluso en algunos pasajes de “clusters”, que son esas sonoridades abigarradas que resultan de prácticamente “empalmar” sonidos que entre ellos están muy cercanos uno del otro en el sistema temperado, como por ejemplo, hacer sonar de manera simultánea los sonidos do-natural, do-sostenido, re-natural, re-sostenido, mi-natural y fa-natural, como si fuera un racimo de uvas, todas pegaditas unas a otras.

   Para muchos oídos, todos esos “efectos sonoros”, asustan, pues no sólo profundizan en el cuestionamiento sonoro-sensorial, sino que también requieren un mayor entrenamiento auditivo o confrontación más frecuente con músicas de esta naturaleza.

   En 1982, durante una gira concertística como director por la entonces URSS, realicé una orquestación de ese mismo ciclo, versión que fue estrenada por la excelente soprano Margarita Pruneda y la Orquesta Sinfónica Nacional de México, en el Palacio de Bellas Artes en el otoño de ese mismo año.  Esta es la versión que grabé con la maravillosa soprano mexicana Rosario Andrade y la Filarmónica de Querétaro, a principios de 1993. Cuando el CD se publicó, llevé varios ejemplares a Alemania, con fines promocionales.

   Un gran amigo mío, que con cierta frecuencia me promocionaba en Alemania, me pidió que le dejara varios ejemplares de mi curriculum vitae  (CV) y alguna grabación que yo dirigiera para anexarla al CV cuando él me promoviera con alguien. Procedí a dejarle varios ejemplares del CD en el que se incluía mi SALMO 23. Una vez que lo oyó, me preguntó: “¿no tienes alguna grabación de otra obra?”. Con cierta extrañeza le respondí: “¿Porqué?”  Entonces me dijo: “¡Los vas a asustar con esa obra tuya!”  Me quedé perplejo y no dije nada más: comprendí que para mi amigo, el SALMO 23 no era una obra "bonita”.

   En su pubertad tardía y en su temprana adolescencia, Mozart recibía “regaños” de su papá porque componía de manera demasiado audaz: la gente se quejaba de sus “atrevimientos” musicales, que no percibía agradables, es decir, “bonitos”, a sus oídos. Ya en 1780, Leopold Mozart advertía a su hijo Wolfgang (quien se encontraba en París buscando trabajo): "Te aconsejo, cuando trabajes, no pensar sólo y exclusivamente en un público musical, sino también en uno no musical; ya sabes que por diez entendidos auténticos hay diez profanos...no olvidar entonces lo llamado popular, que hace cosquillas también a los oídos grandes" (Carta del 11 de diciembre, enviada desde Salzburgo).

   El 25 de diciembre del mismo año, Leopold volvió al ataque: " Procura tener de buen humor a toda la orquesta, adularla y volverla bien dispuesta hacia ti con grandes elogios; porque sé bien cómo compones tú..." (1)


   Mozart no hizo caso a los consejos de su padre: se mantuvo fiel a su honestidad creativa, es decir, fiel a sí mismo. ¿Podemos hoy imaginar siquiera que la música de Mozart es agresiva, o algo similar, a nuestros oídos? ¿Qué es lo que oía su padre Leopold en ella? 

   En 2003, invitado por el entonces Festival Internacional Tamaulipas, dirigí una gira de la magnífica Filarmónica de Cámara de Polonia por ese Estado. El programa incluyó el estreno mundial de mi pieza COLUMPIOS, música para clarinete en Sibemol y orquesta de cuerdas, dedicada a Jörg Baumann, basada sobre un hermoso poema de Rilke. En el concierto que ofrecimos en Reynosa, sucedió lo siguiente:

   Al término del concierto, pasó a saludarme un matrimonio con su hijo. Yo no los conocía. Me hicieron comentarios generales elogiosos sobre el concierto, pero sobre COLUMPIOS, el señor me comentó: “en la primera parte de la pieza, conforme fue desarrollándose, le comenté a mi esposa: “Van ganando los malos”. Poco después de la mitad,  la pieza desemboca en una cadencia del clarinete que, a su vez, culmina en una cita de unos cuantos compases, que siempre me han cautivado, del sublime Concierto para Clarinete y Orquesta, de Mozart. “Cuando eso sucedió”, me dijo el señor, “le dije a mi esposa: “Noooo, ¡¡¡ganaron los buenos!!! Pero luego regresó usted a pasajes como los del inicio y, resignado, le comenté a mi esposa: “pues nada, ganaron los malos”.

   Sobre esta pieza, el Mtro. Armando Plancarte escribió: “Como sucede con todo arte moderno, la obra de Cárdenas retoma elementos clásicos pero a la vez los renueva, los increpa, los transforma, los revalora, los reconduce, los reforma. El compositor conoce muy bien su oficio. Sus años de experiencia al frente de orquestas de primer nivel, en diferentes latitudes, y longitudes, así como su probada sensibilidad e inteligencia auguran buenos resultados. Su música es natural, fluye por si sola, provista de su propio motor interior. “

   Cuando en el año 2003 los excelentes 12 VIOLONCHELISTAS DE LA FILARMÓNICA DE BERLÍN celebraron su 30º Aniversario, Shirley Apthorp escribió en la edición correspondiente al mes de marzo de ese año de la prestigiada revista británica THE STRAD, “que si los violonchelistas berlineses habían incluido en su (entonces) más reciente CD, ‘ROUND MIDNIGHT (publicado por EMIClassics) una obra tan subversiva como el rap para Mozart (The flower is a key), entonces se podría esperar aún mucho de esos violonchelistas.”  Celebraba la señorita Apthorp no que mi pieza fuera "bonita", sino que fuera “subversiva”.

   En fechas recientes, muchos mexicanos y, de seguro, gentes de otros países, lamentaron la muerte de su ídolo José José. Conversando al respecto con un ser muy querido,  admirador profundo de José José, me contó la siguiente historia:

   “En 1977, el nicaragüense Adán Torres mostró al cantante José José  su canción “Almohada”. El cantante le prometió registrarla en México a nombre de Torres; la presentó en el Festival OTTI de 1978, donde quedó en cuarto lugar. Más tarde, la canción fue grabada en Londres y la disquera, seguro que por instrucciones del cantante, dio el crédito correspondiente al autor de la canción en la contraportada del LP.  Ante los embates de la guerra en Nicaragua, Torres emigró a los USA, donde radicaba su hermano. Consiguió trabajo en una lechera de California; ahí se encargaba de limpiar los tanques de 50,000 litros. Para entonces, la disquera asumía que Torres había fallecido. Sin embargo, Torres llamó a la disquera y esta envió a un propio a que le entregara el primer cheque de sus regalías: US$10,000.- Y así siguieron después otros pagos de regalías.”

   Luego, mi amigo querido remató diciendo: “¿porqué no compones algo bonito,  ¡te podrías volver millonario, como Adán Torres!”

   “¡’chale!”, me dije; “entonces ¿qué he estado haciendo en todos estos 50 años como compositor musical?” Debo decir que esta persona conoce casi todas mis composiciones musicales…¡quizá por ello me dijo eso!!!!

   Entonces ¿cómo debe ser la música: siempre “bonita”? Y eso, ¿de acuerdo con cuáles marcos de referencia? Y, en efecto, ¿ debe ser así  la música: “siempre bonita”?  Bruckner comentó que si la gente sólo buscaba que le acariciaran el oído, recomendaba escuchar la música de Brahms. Pero si la gente buscaba ser cautivada, atrapada, arrobada por la música, entonces deberían escuchar su música.

   La “Gran Fuga” (op. 133), que es un movimiento para cuarteto de cuerdas que Beethoven  compuso entre 1825 y 1826, ha sido una de las obras más polémicas del genio de Bonn, por su “violencia y sus muchas disonancias, por su estruendo”. La intención original era que fuese el último movimiento del Cuarteto op. 130, pero el editor se opuso a ello por su tremenda complejidad y dificultad técnica. Se le considera, aún hoy, como una de las obras más “inaccesibles” de Beethoven. Se dice que cuando se estrenó, el público abandonó la sala, dejando solos a Beethoven y al cuarteto de ejecutantes. Un crítico de entonces se refirió a esta monumental obra así: “Es incomprensible como el chino”. 

¿Qué espera uno, pues, de la música?

©SergioIsmaelCárdenasTamez, Ciudad de México, 30 de octubre de 2019.


(1) HILDESHEIMER, Wolfgang: MOZART. Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1982. Pág. 75

*compositor musical, director sinfónico, Director Artístico de Consortium Sonorus,
  orquesta de cámara.

  Presidente de Música de Concierto de México, S. C.




martes, 1 de octubre de 2019

Resonancia armoniosa en el hálito infinito



Resonancia armoniosa en el hálito infinito
por Sergio CÁRDENAS*

Para Elisabeth Kittel, con sentido agradecimiento.

   Radiqué en la ciudad de Salzburgo de septiembre de 1973 a junio de 1979.  Ese ha sido uno de los periodos más afortunados de mi vida. Lo ha sido porque tuve la grandiosa oportunidad de escuchar la gran mayoría de los ensayos de la inagotable lista de maravillosas orquestas que llegaban ahí para reafirmar su musicalidad y profesionalismo en una de las cunas mismas de la música occidental: ahí nació Mozart en 1756…y muchos años después, también von Karajan (1908).

   Entre las vivencias más afortunas cuento todas aquellas en las que disfruté, admiré y fui conmovido por la fantástica Filarmónica de Berlín, que pude oír por primera vez en el Festival de Pascua de 1974, fundado y dirigido por von Karajan y en el que brillaba en todo su esplendor la legendaria Filarmónica de Viena.

   Recuerdo aún, como si lo estuviera vivenciando en este mismo momento, ese primer encuentro con von Karajan y sus filarmónicos berlineses: fue en el ensayo general de la ópera “Los maestros cantores de Nürnberg” (Wagner). La opulenta escena, que llegó a congregar a varios cientos de cantantes, coristas y comparsas en el amplio foro de la Gran Casa de los Festivales de Salzburgo, fue, para mí, opacada por lo que sucedía en el foso: von Karajan había pedido a sus filarmónicos que no usaran camisa blanca en ese ensayo, que, de preferencia, usaran camisa celeste o azul suave. Nunca en mi vida había yo presenciado una orquesta que involucraba todo su cuerpo al momento de la ejecución musical, lo que proveyó a la ópera wagneriana de un espectáculo inesperado que se desarrollaba en el foso: la fogosidad wagneriana y las emociones altamente contrastantes de su maravillosa ópera, se mostraban de manera intensiva y cautivadora en aquel juego de luces (de los atriles) y sombras que generaban lo que parecía un oleaje ora suave, ora violento,  que me atrapaba y en el que yo, en el mejor de los casos, gustoso me habría sumergido.

   Y vaya que lo que se ofrecía en el foro no dejaba algo qué desear: destacaban las maravillosas voces de Gundula Janowitz, de Peter Schreier y de Karl Ridderbusch. Además, el experimentado Coro de la Ópera de Viena y un vestuario deslumbrante, muy propio de la época.

   Disfruté de seis de los Festivales de Pascua de Salzburgo gracias a la generosidad de la pianista Elisabeth KITTEL, de Ansbach, Alemania, quien año con año me regalaba un abono para asistir al bloque de tres conciertos y una ópera, todo dirigido por von Karajan ante sus filarmónicos.

   En una entrevista que se le hizo en el marco de alguno de esos festivales, se le preguntó cuándo dirigiría de nuevo “Tristán e Isolda”. Von Karajan había sido catapultado a la fama cuando dirigió esa ópera en 1939 (en plena Segunda Guerra Mundial!) en la Ópera Estatal de Berlín, con apenas 31 años de edad. De alguna manera, su nombre quedó ligado a esa ópera desde entonces; de ahí la pregunta en la entrevista. Karajan respondió (para entonces ya rebasaba los 60 años de edad) que no era bueno para alguien mayor de 60 años, dirigir esa ópera. Se sabe que varios directores han muerto mientras dirigían esa ópera, todos ellos durante el segundo acto.

   Esto es porque la enorme tensión que Wagner construye en sus óperas, atrasando y buscando siempre la redención , tiene, de manera irremediable, sus efectos en la presión arterial, generando incluso que el pulso se eleve tanto que alcanza nivel de taquicardia. Yo no he dirigido esa ópera completa, pero el dirigir su “Preludio” y su “Muerte de amor”, me han sido suficientes para comprobar esa alteración.

   Por ello es muy significativo que Karajan, ya rondando los 70 años de edad y bastante lastimado por un serio problema de la columna que casi le obligaba a arrastrarse, haya programado la “Muerte de Amor de Isolda”, que es el final de la grandiosa ópera, en un concierto con la Filarmónica de Viena y la maravillosa soprano Jessye Norman.
  
   Tuve la fortuna de estar presente en el ensayo general, único que hicieron juntos. Al inicio del ensayo, estando ya Norman en el escenario junto al Maestro, éste pidió le trajeran una silla y le dijo: “Por favor, siéntese y escúchenos. Así no tendremos que hacer tantas explicaciones”. Procedió entonces a dirigir (sí,  dirigir) esa conmovedora parte final de la ópera, que la Norman escuchó con atención. Luego la dirigió de nuevo, ya con la Norman cantando.

   Sobrecogedora es la manera como Karajan hace que esa música surja desde los abismos más profundos, justo como inicia el “Preludio”. Así emergió la soprano de la Norman y juntos, escuchándose, reaccionando al acontecer, fueron creciendo en intensidad y en fuerza expresiva, tal y como dice el texto wagneriano, que refiere a las olas de aromas embriagadores “que se dilatan y me envuelven” en el fluctuante torrente, en la resonancia armoniosa, en el infinito hálito…

   Siempre he considerado que el campo en el que mejor se manifestaba la enorme capacidad de von Karajan, era el campo de la ópera. Lo observé en muchas ocasiones ensayando y dirigiendo “Don Carlos” (Verdi), “Trovador” (Verdi), “Lohengrin” (Wagner), “Fidelio” (Beethoven), “Bohemia” (Puccini), “La flauta mágica”  (Mozart) y “Los maestros cantores de Nürnberg”. Karajan, que conocía de memoria los textos de esas y otras 40 óperas, en todo momento cantaba con los solistas, dirigía su respiración, propiciaba en la orquesta el “tapete musical” necesario sobre el que los solistas vocales  se manifestaban con soltura, con seguridad, con musicalidad. Y así como él literalmente seducía e inducía a sus filarmónicos con una gesticulación mínima pero extremadamente eficiente, así seducía e inducía a sus solistas en la expresión de las múltiples emociones contenidas en la óperas.

   También así sucedió cuando Jessye Norman cantó con él y la Filarmónica de Viena, la “Muerte de amor de Isolda”, lo que queda documentado acertadamente en el video


   Notamos a von Karajan fundido, sumergido en el gran Todo de la música, del universo, moldeando el sonido orquestal y el vocal con profunda sensibilidad, con una empatía que es fragancia, con una firmeza y suavidad que destella madurez musical, que refleja la beatitud de morir de amor: es todo un marco y contenido musical en el que la Norman se explaya, se expande, se eleva. Y, como dice el texto, todo resplandece con luz creciente, llena, sublime, que inflama el corazón y  nos envuelve y traslada a los ámbitos supremos, excelsos, redentores.

*Compositor musical y director sinfónico. Director Artístico de CONSORTIUM SONORUS, orquesta de cámara.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Mi cartilla militar, en Viena.


De cómo Hermilo Novelo salvó mi carrera musical.
por Sergio Cárdenas*
A Fernando Ávila Navarro,
con agradecimiento y afecto vigentes.

     Cuando a finales de junio de 1975 el Rector de la entonces Escuela Superior de Música y Arte Dramático “Mozarteum” (hoy: Universidad de la Música), el Mtro. Paul Schilhawsky me ofreció, al término de la Ceremonia de Graduación de la carrera de Dirección Orquestal, la conducción de la Orquesta Sinfónica de esa prestigiada Escuela a partir del siguiente ciclo académico (septiembre del mismo año), me encontré con un enorme problema.
     Cinco años antes me había sido otorgada una beca para realizar los estudios de Maestría en Dirección Coral en el reconocido Westminster Choir College, de Princeton, NJ (USA). Esto sucedió cuando llevaba apenas unos meses de estar cumpliendo con el Servicio Militar.  Por la importancia de esa beca para mi desarrollo, indagué en la Secretaría de la Defensa Nacional sobre la posibilidad de posponer la realización del servicio militar, a lo que me respondieron que en ese caso, se me podría dar permiso para ausentarme del país por no más de cinco (5) años, al término de los cuales yo debería regresar a México a concluir el referido servicio.
     Así, yo debería regresar a México justo en el verano de 1975. Entré en un periodo de angustia pues la fabulosa oportunidad de ocupar la titularidad de una orquesta sinfónica en la ciudad natal de Mozart a los 24 años de edad, me parecía algo que de  manera alguna debería yo dejar ir de mis manos.
     Ya en ocasiones anteriores, durante el transcurso de mis estudios en Salzburgo, había yo recurrido a Fernando Ávila Navarro, a la sazón Agregado Cultural de México en Austria, a solicitar consejo respecto algunas inquietudes musicales mías. Recuerdo más que bien, por ejemplo, cómo la vehemencia con la que Fernando me hablaba de Celibidache  fue lo que a la postre me llevó al para mí muy afortunado encuentro con ese demiurgo musical en 1977.
     Fue en la primavera de 1975 cuando al tomar conciencia del inminente regreso a México para cumplir con el Servicio Militar, recurrí al consejo de Fernando pues dado lo vivido en Salzburgo en el tiempo que llevaba yo ahí como estudiante, tenía la convicción de que interrumpir entonces mis estudios y preparación musical no era lo más adecuado. Fernando entendió de inmediato la dimensión de mi inquietud y prometió pensar una posible solución para mí.
     Pocos días después, Ávila me llamó desde Viena para informarme que en unas semanas más, el violinista mexicano Hermilo Novelo (http://es.wikipedia.org/wiki/Hermilo_Novelo)  estaría ofreciendo un recital en Salzburgo: “Acércate a Hermilo y plantéale tu problema; él tiene buenas conexiones en México y seguro  te podrá ayudar”, me dijo Ávila.
     Asistí en Salzburgo al recital de Hermilo Novelo. Al término de su presentación, fui a presentarme con él felicitándolo por su actuación. Lo invité a cenar, junto con su esposa, la escritora Marcela del Río, quien lo acompañaba. En la cena, expuse a Hermilo mi problema. De inmediato, con una generosidad cariñosa, me pidió que le escribiera a su amigo, Mario Moya Palencia, entonces Secretario de Gobernación del Presidente Echeverría. “Cuéntale todo, incluso que le escribes por recomendación mía”, dijo Hermilo. “Yo regresaré a México en un mes y llegando me comunicaré con él para insistir en que te ayude”, agregó.
     Así lo hice. Sin embargo, pasaron los meses y yo no recibía noticia alguna de México. Para entonces había llegado el mes de junio y ya tenía en mis manos el magnífico ofrecimiento del Rector Schilhawsky. “Con esto en mis manos, sería más que desafortunado no contar con la solución del problema del servicio militar y, por ello, tener que regresar a México, cancelando la posibilidad de asumir mi primer trabajo como director titular de sinfónica en septiembre siguiente”, comenté a Ávila. “No pierdas la calma, ya aparecerá algo”, me decía Fernando.
    A mediados de julio, recibí de la Embajada de México en Viena una llamada telefónica: “Que me presentara cuanto antes a recoger un documento que debería ser recibido de manera personal”. Al día siguiente, viajé temprano a Viena para llegar antes del mediodía. Previo al abordaje del tren, me había tomado unas fotos en la caseta fotográfica que estaba instalada en la estación central de ferrocarril de Salzburgo, pues me habían pedido que llevara unas fotos tamaño infantil. Salieron tan horrorosas esas fotos que cuando la secretaria de la embajada las vio, casi se negaba a aceptarlas para agregarlas al documento que me entregaría: mi cartilla del servicio militar ¡liberada! “¿Porqué me trae usted unas fotos suyas tan feas para un documento tan importante?”, me había dicho la secretaria con voz de regaño. “No tuve tiempo ni dinero para conseguir algo mejor; tampoco creo que con más tiempo y dinero hubiera mejorado mucho la imagen”, le contesté.
     Los documentos que recibí de la embajada mexicana, incluían un oficio en el que el Secretario de Gobernación había girado instrucciones al Secretario de la Defensa Nacional para que mi cartilla fuera liberada. Todos los documentos los habían mandado por medio de la valija diplomática que la embajada recibía con periodicidad de la Secretaria de Relaciones Exteriores de México. Recuerdo que al ver esos documentos, no pude contener la alegría y salté rebosando de felicidad: pensaba yo en lo que me esperaba a partir del próximo mes de septiembre.
     Esa intervención afortunada de Hermilo Novelo me permitió vivir en Salzburgo cuatro años más, años que viví con gran emoción y felicidad, entregado al estudio a fondo del canon clásico del repertorio sinfónico. Esos años me permitieron, asimismo, dirigir la espléndida orquesta estudiantil del “Mozarteum” en algunos conciertos memorables, entre los que destacan aquellos en los que contamos con la colaboración como solistas de Gidon Kremer y Henryk Szeryng. La gran sensación fue el concierto con Kremer, a los pocos meses de asumir la titularidad de la orquesta, pues poco antes von Karajan había declarado que Gidon Kremer era “el mejor violinista del mundo”, declaración que en especial en Salzburgo, ciudad natal de von Karajan, tenía nivel de dogma.
     De similar manera, gracias a esa continuidad de estancia en Europa, descubrí para mí a Sergiu Celibidache, cuyo primer encuentro viví con perplejidad en la primavera de 1977 al asistir a sus ensayos al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart. En otra ocasión compartiré lo que significó para mí y cómo cambió (enderezó, diría) mi vida a partir de ese luminoso encuentro. Mientras, mi agradecimiento perenne al violinista mexicano Hermilo Novelo, salvador de mi carrera musical.                                   *Profesor Titular de Carrera en la Facultad de Música-UNAM, Ciudad de México.

©Sergio Ismael Cárdenas Tamez, 10 de febrero de 2015.



Este artículo se publicó en el mensuario LA DIGNA METÁFORA, en febrero, 2015:
https://onomatopeyadeloindecible.blogspot.com/2015/02/mi-cartilla-en-viena-la-digna-metafora.html

domingo, 18 de agosto de 2019

The flower is a key (a rap for Mozart) - algunos documentos

Comparto algunos documentos relacionados con mi obra "The flower is a key (a rap for Mozart)", que compuse en el otoño del año 2001 por encargo de LOS 12 VIOLONCHELISTAS de la FILARMÓNICA DE BERLÍN. Falta agregar documentos sobre la versión para dos pianos.













   

Testimonio de Oídas




                                     TESTIMONIO DE OÍDAS


En el contexto del homenaje (22 de mayo de 2019) que la Sociedad de Autores y Compositores de México tuvo a bien hacerme con motivo del cincuentenario de la primera exposición pública de una obra musical de mi autoría, recuerdo que hace poco más de un año, RADIO UNAM me había invitado a realizar cuatro (4) programas dentro de su serie “Testimonio de Oídas” que, como se consigna en la página de Internet de esa estación radiofónica,  es una serie en la que se “escuchan diversas semblanzas autobiográficas en alternancia a obras musicales de reciente creación; en cada programa, se cuenta con la voz de los propios compositores”. (http://www.radio.unam.mx/programa_unam/testimonio-de-oidas/).

Los programas se empezarían a grabar el lunes 4 de junio, 2018, como me fue confirmado por su productora el día 17 de mayo, 2018.

El domingo 3 de junio, del mismo año, la productora me informó que no se iba a poder hacer la grabación, pues “le habían cancelado el estudio”. Se comprometió a comunicarse conmigo “en cuanto le fuera posible”. Al día de hoy, 12 de junio de 2019, aún no se ha comunicado. Mis distintos correos electrónicos y Whatsapp indagando al respecto, quedaron todos sin respuesta alguna.

Comparto la tarjeta en la que la productora del programa, con su puño y letra, me especificó algunos detalles de esa serie.




lunes, 12 de agosto de 2019

Música de Concierto de México, S. C., nueva Mesa Directiva

En la Asamblea General Ordinaria celebrada el día de hoy, lunes 12 de agosto de 2019, se eligió la nueva Mesa Directiva de Música de Concierto de México, S. C., para el periodo 2019-2022, la cual quedó conformada de la siguiente manera:

PRESIDENTE:  Sergio  CÁRDENAS
SECRETARIA:  María Luisa SOLÓRZANO
TESORERO:     Abraham CABRERA
PRIMER VOCAL:  Lucía ÁLVAREZ
SEGUNDO VOCAL:  Arturo MÁRQUEZ
TERCER VOCAL: Francisco VILLEGAS
CUARTO VOCAL: Miguel Ángel GOROSTIETA


 de izq a der: Francisco Villegas (3er Vocal), Miguel Ángel Gorostieta (4to Vocal), Lucía Álvarez ,(1er Vocal), María Luisa Solórzano (Secretaria), Sergio Cárdenas ( Presidente), Abraham Cabrera (Tesorero) y Arturo Márquez (2do Vocal). Aquí en la Toma de Protesta, hoy 12 de agosto de 2019.

La referida Asamblea tuvo lugar en la Casa Alfonso Esparza Oteo, de las instalaciones de la Sociedad de Autores y Compositores de México, S de GC de IP, de la Ciudad de México.

domingo, 4 de agosto de 2019

Con la Sexta Sinfonía, "Patética", de CHAIKOVSKI.


No son pocas las emotivas vivencias que he tenido conduciendo la enjundiosa Sinfonía No. 6, en si-menor, "Patética", op. 74,  de P. I. CHAIKOVSKI.  Fue la primera de las grandes sinfonías que tuve por suerte dirigir cuando debuté profesionalmente en Alemania, al frente de la hoy Staatsphilharmonie Rheinland-Pfalz, de Ludwigshafen, en febrero de 1979. Conduje la obra en mi concierto inaugural como Director Artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, en el Palacio de Bellas Artes, el 16 de mayo de 1979. Asimismo, en el concierto en el que debutó en México el magnífico violinista Gidon KREMER, en 1980. He tenido el gran privilegio de conducir esta poderosa obra en mis travesías con las orquestas sinfónicas de Hof (Alemania), Cairo (Egipto), la Filarmónica del Bajío y la de Querétaro (México) así como al frente de otros organismos orquestales de Alemania y México. Comparto aquí algunos de los documentos que dan cuenta de lo que es para mí la tan significativa relación con esta extasiante obra chaikovskiana.


    Programa de mano de mi debut como director de orquesta, en febrero de 1979, con la hoy Filarmónica Estatal de Renana-Palatinado (Staatsphilharmonie Rheinland-Pfalz).







miércoles, 31 de julio de 2019

Un Requiem Alemán (Brahms) - críticas

"Un Requiem Alemán" (Ein deutsches Requiem), de J. BRAHMS, ha sido una obra que he tenido cerca de mi corazón por muchos años. La conduje por primera vez en la primavera del año 1980, en el marco del Festival Brahms que programé con la Orquesta Sinfónica Nacional de México, en el Palacio de Bellas Artes (CdMx). Esa exposición constituyó el estreno (mundial) de mi traducción al español de tan significativa obra.

Un año después, tuve la maravillosa oportunidad de dirigirla en la hermosa ciudad polaca de Cracovia, con el magnífico coro y la excelente orquesta de la Radio Nacional Polaca de esa ciudad. Una "probadita" de ese, para mí memorable concierto, se puede escuchar en
https://www.youtube.com/watch?v=F0wdv3Rd5Hs&t=114s
En esa ocasión, como se puede apreciar en la grabación, la obra se cantó en alemán.

Diez años después, en Guanajuato, con la Filarmónica del Bajío y en el marco del Festival Internacional Cervantino, volví a exponer la obra en mi traducción al español.

En los conciertos presentados en español. conté siempre con la excelente colaboración del Coro Oratorio, de la A.M.E.N., coro al que se unieron el del Conservatorio Nacional de Música y el Convivium Musicum.

Comparto aquí críticas publicadas sobre los conciertos en Polonia y en Guanajuato,








Primeras críticas en México


Se trata de las primeras críticas que se publicaron sobre conciertos que conduje en la Ciudad de México y en las ciudades veracruzanas de Xalapa y Coatepec, en julio de 1977. Esos conciertos constituyeron mi debut profesional en México en tanto que director sinfónico.

sábado, 27 de julio de 2019

Un instrumento del sonido para manifestarse



Un instrumento del sonido para manifestarse
por Sergio Cárdenas*

Un músico compositor sabe que lo que comunmente se llama la voz de la Musa es, en realidad, el dictado del sonido; que no es el sonido su instrumento, sino él el medio utilizado por el sonido para manifestarse. No obstante, por mucho que pueda pensarse en él (muy adecuadamente, por cierto) como una especie de ser vivo, el sonido no es capaz de elecciones éticas.
Una persona se pone a componer música por diversas razones: para ganarse el corazón del ser amado; para expresar su actitud ante la realidad circundante; para reflejar su estado de ánimo en un determinado momento; para dejar —tal es al menos su intención— alguna huella en este mundo. Lo más probable es que recurra a esta manera de manifestarse (a través del sonido) por razones inconscientemente miméticas: el negro y vertical coágulo de la notación musical en el papel pautado le debe de recordar su propia situación en el mundo, el equilibrio entre el espacio y su cuerpo. Pero al margen del mayor o menor efecto que produzca en sus lectores lo surgido de su lápiz, la consecuencia inmediata de esta empresa es la sensación de entrar en contacto directo con el sonido, o, más exactamente, la sensación de quedar sometido a una inmediata dependencia respecto del sonido, a todo lo que con él se ha expresado, escrito y conseguido.
Tal dependencia es absoluta, despótica, pero también liberadora. Pues, aun siempre de más antigüedad que el compositor, el sonido sigue poseyendo la colosal energía centrífuga conferida por todo el tiempo que tiene por delante. Y este potencial temporal no solo queda determinado cuantitativamente por el tamaño del campo geográfico en el que el sonido en potencia queda plasmado en el papel pautado sino por la calidad de la música que se escriba en ese papel pautado.
El compositor es el medio de supervivencia de la música. Uno, que compone música, dejará de existir; y también quien la escucha. Pero la notación musical que simboliza la música, ha de permanecer; no sólo porque durará más que el hombre que la escribió, sino también por la mutación que el fenómeno musical va manifestando con el paso del tiempo.
Sin embargo, quien compone una pieza musical,  no lo hace porque pretenda alcanzar la fama en la posteridad, aunque suela albergar la esperanza de que su obra le sobreviva, al menos durante un tiempo. Quien compone una pieza musical lo hace porque el sonido lo inspira a ello, si no es incluso que el sonido le va dictando sonido por sonido.
Por lo general, al empezar una pieza, uno no sabe qué curso va a tomar, y muchas veces uno mismo es el primer sorprendido, pues a menudo el resultado es mejor de lo esperado, a menudo el pensamiento lo lleva a uno más lejos de lo que creía. Y ese es el momento en que el sonido se yergue como futuro, invade el presente.
Existen, como sabemos, tres modos de conocimiento: el modo analítico, el modo intuitivo y el modo de los profetas bíblicos, la revelación. Lo que distingue  la composición musical de otros géneros literarios es su utilización de los tres modos a la vez (aunque sobre todo del segundo y del tercero). Los tres, en efecto, se dan en el fenómeno sonoro; y hay ocasiones en que, mediante un simple sonido, una simple progresión melódica o armónica, el compositor se ve llevado allí donde no ha estado nadie antes que él, quizá incluso más lejos de lo que él mismo deseaba.
Quien compone una obra musical lo hace, sobre todo, porque el plasmar esos sonidos potenciales  en el papel pautado,  es un extraordinario acelerador de la conciencia, del pensamiento, de la comprensión del universo. Una vez experimentada tal aceleración, ya no se puede renunciar a repetir la experiencia; establecemos una dependencia total con este proceso, al igual que otros con las drogas o con el alcohol. A quien establece esta especie de dependencia con el sonido es, supongo, a quien llamamos compositor musical.

* a partir de un texto de Joseph Brodsky

©SergioIsmaelCárdenasTamez; Ciudad de México; el 16 de mayo de 2019.

                     


viernes, 5 de julio de 2019

...tamaulipeco de clase mundial.


El domingo 30 de junio de 2019, la periodista AMPARO G. BERUMEN publicó el siguiente artículo en su columna dominguera de EL SOL DE TAMPICO.



Sergio Cárdenas, tamaulipeco de clase mundial  
                                                                          AMPARO BERUMEN                 

                                               
   Ayer sábado celebró Sergio Cárdenas 50 años como compositor musical. Ya lo había anunciado él con sus palabras: “El 29 de junio de 2019, estaré celebrando el cincuentenario de la primera exposición pública de una obra musical de mi autoría. La lista de quienes se han aventurado a exponer obras musicales mías es larga y ancha: me honra mucho, me mueve al agradecimiento perenne por tan enorme distinción”. Y comparte nombres de solistas, directores, orquestas y ensambles de Suiza, Alemania, Italia, Francia, Rusia, Polonia, España, Egipto y, por supuesto México. El catálogo de sus composiciones abarca casi las 120 obras para diversas combinaciones instrumentales y/o vocales que, en su mayoría, han sido estrenadas con éxito en Alemania, Austria, Italia, Polonia, Suiza, Estados Unidos, Bélgica, Egipto y México. Asimismo, otras tantas han sido grabadas por agrupaciones extranjeras y ensambles nacionales.
   En Junio de 1969 Sergio Cárdenas estudiaba en la Escuela de Música Sacra del Seminario Teológico Presbiteriano, recibiendo la invitación de la Directora a dirigir el coro y a estrenar una pieza de su autoría en la ceremonia de graduación, decidiéndose él por la más reciente: “Oh, sálvame, Dios de amor”. Y aquí empezó la historia cincuentenaria…
   Sergio Cárdenas nació en Ciudad Victoria, Tamaulipas. En 1975 fue titulado con Mención Honorífica en Dirección Orquestal, por la Escuela Superior de Música Mozarteum (hoy Universidad de la Música), de Salzburgo, Austria. Es el único mexicano que ha ocupado la dirección titular de organismos sinfónicos de Alemania, Austria, Egipto y México. Fue director artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, de 1979 a 1984, cuando apenas tenía 27 años cariñosamente le decían Gerber von Cárdenas en clara alusión a Herbert von Karajan. Ya en 1986 fundó Sergio Cárdenas la hoy Filarmónica de Querétaro.
   Su actividad como director huésped y/o titular de orquestas le ha permitido exitosas experiencias en África, América, Asia y Europa, ante orquestas y públicos de más de 20 países y con ensambles tan reconocidos como las Filarmónicas de Munich y Stuttgart, la Staatskapelle Weimar, la Philharmonia Orchestra de Londres, así como giras internacionales al frente de orquestas de Alemania, Polonia, Lituania, Egipto y México. Como compositor musical, el catálogo de Sergio Cárdenas rebasa el centenar de obras, muchas de ellas estrenadas con éxito en Alemania, Austria, Italia, Polonia, Suiza, USA, Bélgica, Egipto y México.
   Sí. Fue en 1969 cuando se escuchó por primera vez en público una obra de este compositor mexicano nacido en Tamaulipas. Entre los intérpretes más connotados de sus obras se cuentan Sir Simon Rattle, Guadalupe Parrondo, Los 12 Violonchelistas de la Filarmónica de Berlín, la Orquesta Sinfónica Nacional de México, así como diversas orquestas, conjuntos corales y solistas de Alemania.
   Y nos cuenta Sergio Cárdenas: “En los albores de mi devenir en tanto que director sinfónico (al frente de la Sinfónica de la hoy Universidad de la Música “Mozarteum”, de Salzburgo, Austria), me llenaba de emoción el entusiasmo con el que los jóvenes integrantes de ese ensamble, que en la gran mayoría eran alemanes y/o austriacos, llegaban a nuestros ensayos para abordar obras de “sus” compositores. Tocábamos muchas obras de Mozart, el héroe local, alternando con páginas célebres de Bach, Beethoven, Schubert y Brahms. El entusiasmo de “mis” músicos era en verdad contagiante entre ellos mismos, hacia mí, y hacia el público que nutrido asistía a nuestros conciertos. Les oía decir uno al otro: “¿Te das cuenta? ¡Estamos tocando Mozart!” Y me quedaba yo con la impresión de que ese hecho, en lo aparente insignificante, constituía de igual manera una contribución a su crecimiento interior, una ampliación de su dignidad cultural, una reafirmación de la grandeza de un legado musical, legado que lo sentían muy suyo: una propiedad ciertamente intangible que los identificaba.
  “Cuando asumí la dirección artística de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, descubrí, de golpe, una suerte de carencia, quizá de dimensión escandalosa, en relación con esa que en su momento fue la más alta posición musical de México: mi conocimiento de la música sinfónica de México era casi nulo. Y eso estando justo al frente del organismo que más música mexicana tenía en su repertorio. Inicié, entonces, una travesía que me llevó de asombro en asombro al ir descubriendo un corpus musical contundente, variado, de gran riqueza, con gran expresividad y con un sello distintivo: ese corpus sonoro me descubría la grandeza de México”.
   El Festival Internacional Cervantino encargó a Cárdenas, para su edición número 34, la composición de la obra BEETHOVEN VISITA MÉXICO, para solistas vocales, solistas instrumentales, coro mixto y orquesta sinfónica, la cual fue estrenada mundialmente con enorme éxito en la ciudad de Guanajuato el 20 de octubre de 2006, bajo la conducción del compositor. En junio de 2007, Cárdenas asume la presidencia de Música de Concierto de México, S. C.
   Los estrenos mundiales más recientes de obras de su autoría han tenido lugar el 4 de marzo de 2009, en la imponente Sala de Conciertos de la Filarmónica de Berlín, Alemania, cuando Los 12 Violonchelistas de la Filarmónica de Berlín tocaron su pieza HUAPANGOS. El 12 de octubre del 2009, en el Teatro Metropolitano de Tampico, Zoltán Mácsai y la Filarmónica de Cámara de Polonia, conducidos por el compositor, estrenaron GUARDIÁN DE TU SOLEDAD, en el marco del Festival Internacional Tamaulipas. El 21 de mayo de 2010, en el Teatro Amalia del Centro Cultural Tamaulipas de Ciudad Victoria, la Orquesta Sinfónica de la Escuela Nacional de Música-UNAM, conducida por Cárdenas, tocó el estreno mundial de su obra sinfónica BOLEROS SIN PALABRAS, para los Festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana. Los 12 Violonchelistas de la Filarmónica de Berlín tuvieron a su cargo el estreno en el continente asiático de HUAPANGOS, en conciertos realizados en Corea del Sur, Japón, Taiwán y Vietnam entre el 1 y el 11 de julio de 2010. En Octubre de este mismo año Sergio Cárdenas recibió de la Sociedad de Autores y Compositores de México, el reconocimiento “Trayectoria 25 y más”.
   Sergio Cárdenas se hizo acreedor a un homenaje nacional de parte del Festival Internacional de Otoño de Matamoros, Tam., en octubre de 1996. El Festival Internacional Tamaulipas reconoció sus méritos a través del homenaje nacional que le brindó en octubre de 2003. Por su parte, el H. Congreso del Estado de Tamaulipas lo distinguió con el más alto reconocimiento que se otorga a los ciudadanos tamaulipecos, al imponerle la “Medalla Luis G. de Arellano 2007” y escribir su nombre con letras doradas en el Muro de Honor del recinto legislativo. En esta ceremonia celebrada el 23 de mayo de 2007 en el citado recinto, Sergio Cárdenas dijo:
   “… Ha sido el sentido, el rumbo de la música, de la gran música, lo que ha marcado mi vida. Referirse a la música es referirse a la suprema manifestación humana, que a través de los sonidos permite la identificación con el cosmos, manifestación cuya esencia es de índole divina y, por ende, es sublime por inaprehensible, universal por verdadera, irresistible por bella. Pero también es una fugacidad que nos brinda atisbos de eternidad, es una fragilidad poderosa, es una aventura del espíritu en los ámbitos de la abstracción, es, parafraseando a la psicoanalista francesa Julia Kristeva, “el tiempo y el espacio en el que el ‘yo’ se concede el derecho a ser extraordinario”.

Tampico, Tam; el 30 de junio de 2019.
        amparo.gberumen@gmail.com

                

                               video:    https://www.youtube.com/watch?v=HbLy3b9LthA