lunes, 27 de abril de 2009

Dyma EZBAN: Beethoven

DYMA EZBAN


Ludwig van Beethoven

a David Huerta


Solitario,
Como si hubiera nacido de sí mismo,
Deslindado de nacer,
Caído en su sangre para fundar la imagen del amor,
Llegó un hombre a la Tierra
Para unirse a los caminos del temblor,
de la tempestad
y de todos los himnos.

Ludwig van Beethoven,
El Ungido,
El Emperador de su propio silencio.

Situado en la Tierra,
Eligió la Naturaleza plena de Ser,
Sentir el aroma de las flores
Como clamor de los años
Y el caminar a la luz de una luna,
Libre de la tristeza
Por sentir los sonidos del mundo.

Pero recibió en cada uno de sus pasos
El nombre mudo de las cosas,
Lo amargo de la despedida invernal
Y la lejanía de los hombres.

Y la Naturaleza infinita
En su fluir sagrado,
Le concedió el don de la Música Pura
Como estigma de una profecía
Que fuera el Advenimiento del Espíritu Absoluto,
la Unidad de los Pueblos
y la Serenidad del solitario en la Alegría.


Pero esa misma Naturaleza,
Atada al canto de su Novena Sinfonía,
Lo alejó de sí mismo,
de su música Heroica
y de su único destino: La Vida.

Situado en su temblor,
Caminó por las calles sin existencia plena,
Eligió escuchar el eco de una sinfonía
Semejante a la exaltación de lo humano
Y sintió el poder de vivir, renacer:
El Proverbio inicial de Libertad.
Pensó que un Dios Verdadero
Llegaría a la Tierra para recoger su música
y sus mundos,
Olvidando su cuerpo,
Su idea de creación
y su incomprensible fatalidad: Su Mirada.

Beethoven,
El Ungido,
El Emperador de su propio Silencio,
Nos conduzca a la vida eterna.

¡Siempre!




Dyma Ezban: poeta guanajuatense, nacido en 1959 en León, Gto., México.

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